jueves, 28 de agosto de 2014

El Hogar 6 (Fin)



Los cuatro chicos permanecieron de pie, amedrentados, ante los guardias. George frunció el ceño al comprobar que sus temores eran ciertos, uno de ellos era Ransam.
-Ransam hijo. ¿Por qué haces esto?- El hombre levantó las manos para mostrar que el era el único adulto que no portaba armas en el hangar.
-¿De que conoces a este tipo Ransam?- Marty miraba hacia todos lados, las manos le temblaban y un sudor frío bajaba por su espalda. -¿Quien es y por qué tiene tantos guardias con él?-
-Es el cuidador Orwell. Él nos enseñó a Chett y a mi el exterior y muchas otras cosas.-
-Ransam. ¿Por qué traes menores al exterior sin permiso? Sabes que eso no puede hacerse.- El cuidador dio un paso hacia ellos. En ese momento Ransam sacó un revolver de sus pantalones.
-Se lo advierto cuidador Orwell, no se acerque ni un paso más.- Los guardias les apuntaron con las armas y las cargaron, el sonido, parecido a un gran crujido, resonó por todo el hangar. Los fugitivos retrocedieron unos pasos ante tal despliegue. Ransam hizo un ademán de cubrir a sus compañeros tras él con el brazo izquierdo mientras con la mano derecha seguía empuñando el arma.  -Odiaría dispararle precisamente a usted cuidador Orwell, pero lo haré si fuera necesario.-
-Por supuesto que si, no dudo de tu valentía, pero mi trabajo de cuidador es hacer lo que es debido. En este caso, llevarme a estos tres menores de vuelta a El Hogar.- El hombre dio otro paso. La reacción de Ransam fue encañonarle y, al instante, cincuenta puntitos rojos recorrieron su cuerpo. -¡Que nadie le dispare a no ser que yo lo ordene!- En ese momento, ante el asombro de todos, Lith dio unos pasos al frente y se acercó a George. Marty trató de seguirla pero Elise se lo impidió.
-Señor cuidador, nosotros no... queremos...- Los ojos le quedaron en blanco y la pequeña se desplomó de bruces contra el suelo de hormigón del hangar.
-Yo..., yo..., es muy... pequeña.- El jefe de seguridad parecía estar en shock por el hecho. Marty, librándose de Elise fue hacia Lith y la tomó en brazos.
-¡Mirad lo que habéis conseguido!- El joven miraba con odio a todos los guardias, en especial al estupefacto cuidador. -¡Es sólo una niña!- Elise y Ransam avanzaron hasta él y pusieron sus manos en los hombros de Marty. -Si vais a disparar ya podéis hacerlo. Lith al menos no sentirá nada.- Los guardias miraron confusos a su jefe. Este pareció recobrar la compostura.
-Está bien. Dejad que se vayan.- Un gran revuelo se empezó a formar entre los guardias. Un rumor quedo se extendió por toda la formación. El jefe de turno se acercó a él.
-Señor Orwell, esto es irregular...-
-Yo asumiré todas las consecuencias. Ahora abrid la puerta del hangar.-
-¿La de la valla exterior también jefe Orwell?-
-Si, dejad que estos chicos se vayan, han pasado por mucho para llegar hasta aquí.- Las miradas eran de estupefacción en los dos bandos.
-Gracias cuidador Orwell, es usted un buen hombre.- Ransam le tendió la mano y el cuidador, tras observarlo unos segundos le devolvió el apretón.
-No hay tiempo para esto, idos cuanto antes.-
Y así, ante el asombro de los guardias y los propios muchachos, estos emprendieron el que sería un largo camino lejos de El Hogar.
El desmayo de Lith duró 2 días completos. Cuando los chicos empezaron a temer que no despertaría jamás, Lith abrió los ojos. Y lo hizo riendo a carcajadas. Al principio intentó contarles lo que había ocurrido a sus amigos, pero los ataques de risa no la dejaban. Poco a poco fue tranquilizándose y, cuando por fin consiguieron entenderla, todos echaron a reír y estuvieron así durante horas.

............... 3 días tras la fuga ..................

-Señor Orwell, tiene usted la declaración de 50 de sus hombres en contra. ¿Mantiene su alegato?-
-Yo jamás ordené nada señor Clarke. Lo último que recuerdo es aquel pequeño demonio andando hacia mi. Mi abogado ha presentado el expediente de la chica como prueba. Es una psíquica de primer nivel.-
-¿Deja eso de hacerlo responsable del fracaso en la gestión de una alarma de fuga?-
-No juez Clarke, soy culpable de descuidarme en el desempeño de mi deber, pero no de traicionar a Rainbow Enterprises. Deme 10 hombres y un mes de tiempo y le traeré las cabezas de los 4 chicos en bandeja de plata.-
-No tiene un mes señor Orwell, tiene 15 días. Y le recuerdo que Rainbow no quiere sus cabezas en una bandeja. Sino sus cuerpos completos en una cámara frigorífica. El equipo que utilice y los sueldos de los soldados que lleve con usted, serán descontados de su futura jubilación. Puede retirarse.-
El señor George Orwell dio la mano a su abogado y salió de la sala. Varios compañeros lo saludaron y felicitaron a la salida. Sus manos, su cara... su cuerpo, devolvió los saludos y agradeció los gestos de apoyo. Su mente estaba encerrada en el pozo más profundo de rencor que cabía en su ser.
-Maldito demonio, te encontraré y te destruiré. A ti y a tus amigos.-

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