sábado, 16 de agosto de 2014

Faulkner 3



-Hola encanto, ¿No querrás pasar una buena noche con una hembra de verdad?- La chica se apoyo en la mesa acercando su escote hacia Faulkner. Roy volvió de la barra en seguida con un par de jarras de cerveza.
-Por supuesto Mónica ¿Y cuantos malos días pasará después cuando se le caiga la polla a trozos?- Toda la parroquia del "Estofado de Gato" rió al unísono y varios hombres acompañaron el chiste con improperios hacia la chica.
-Ya ves cariño, en este antro de mala muerte nadie sabe tratar a una mujer. Y el alcalde, bueno ahi lo tienes, dando ejemplo.-
-Nada me gustaría más que pasar una noche con usted señorita.- Dijo Faulkner dedicándole una sonrisa. -Pero me temo que hay algo que me lo impide.- El extranjero retiró su guardapolvos y dejó al descubierto, colgada de su cintura, una hermosa Biblia encuadernada en cuero negro con filigranas en violeta y dorado de la cual sobresalía una bella cinta de seda roja que hacía las veces de marcador de páginas.
-Vaya, un sacerdote. Bueno, si algún día te aburres de tu Dios, ven a pasar un buen rato con Mónica, te aseguro que no te arrepentirás de ir al infierno.- Dicho lo cual se marchó dedicando gestos obscenos a varios de los presentes.
-Así que además de buhonero es usted predicador señor Faulkner.- Roy parecía más decepcionado que sorprendido.
-Usted me ha invitado a comer estofado de ternera en un bar llamado "Estofado de Gato", no se quién guarda más secretos.
El alcalde no pudo contener una carcajada. -Hace tiempo que se acabaron los gatos por aquí, nadie sabe de que esta hecho el estofado, lo que le aseguro es que no lo matará.
-No lo dudo.- Faulkner intentó que no se notaran sus dudas acerca de aquel lugar. -¿Cuanto entonces por esa caja de 24 balas de la que me habló?
-¿Las del 45?.- Faulkner asintió. -Que le parece si lo dejamos en 200 créditos y yo invito a la cena. Puede dormir en mi casa y se ahorrará también los 30 créditos de la habitación.- Roy extendió la mano. Faulkner la estrechó.
-Eso no cambia el hecho de que estoy comprando las balas a casi 10 créditos cada una, pero... de acuerdo, acepto el trato.- Su interlocutor se echó atrás en su respaldo y cruzó una pierna sobre la otra.
-Y eso no cambia el que usted no me dijera que es un predicador,  no hemos tenido mucha suerte con los predicadores que han pasado anteriormente por aquí, pero usted parece una persona de fiar señor Faulkner. ¿Por qué sigue la gente creyendo en esas tonterías en un mundo como este?-
-¿Hay un sitio mejor que este mundo para desear que esto no sea lo único, para creer que debe haber algo más?- Faulkner sintió las miradas de todo el local clavándose en él.
-¿Se refiere a que esta vida es una mierda?- Roy dio un trago generoso a su cerveza.
-Me refiero a que es una época violenta, a la radiación, a los comedores de carne humana, las abominaciones mutadas... ¿Conoce a mucha gente que llegue a los 50 años?- Faulkner se dio unas palmaditas en las caderas. -Puedo decir que soy un afortunado, doy gracias por ello.- 
-Entiendo lo que dice, pero ¿Por qué permitiría entonces su Dios un mundo así?-
-No lo permitió, jugamos con sus herramientas a pesar de las advertencias y nos hicimos daño. Así somos, niños irresponsables.- Faulkner saboreó la cerveza a la par de los comentarios de varios parroquianos.
-Quizá él no debió dejarlas a nuestro alcance.-
-¿Ha probado a dejar algo fuera del alcance de sus hijos?, inevitablemente acaban encontrándolo.- Roy lo miró con curiosidad durante unos segundos y después echo a reír.
-Maldita sea señor Faulkner, dejemos este tema o acabará convenciéndome.- Agarró la jarra de cerveza y la tendió hacia delante. -Por su Dios y porque todos vayamos al paraíso.- Faulkner brindó con él.
-Amén.-

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