martes, 26 de agosto de 2014
El Hogar 5
Durante los tiempos de La Gran Explosión puede que nadie viera Las Vegas como emplazamiento militar estratégico, o que por fortuna ninguna bomba alcanzara su destino. Fuera cual fuera el motivo, Las Vegas era de las pocas ciudades en el mundo que no estaba infestada de durmientes y radiados o reducida a escombros. Esa situación convirtió la ciudad en un enclave comercial e hizo que durante la Guerra de Separación, fuera elegida como capital de la República del Oeste Americano. En la ciudad habían prosperado grandes empresas, la mayoría de ellas relacionadas con la potabilización de aguas, el armamento o la industria farmacéutica. Los inversores de Las Vegas pagaban sumas desorbitadas por cualquier rastro de tecnología anterior a La Gran Explosión que alguien encontrase en cualquier parte del mundo. Pero de todas esas compañías, una desarrolló una tecnología asombrosa. Rainbow Enterprises había conseguido los antiquísimos aparatos médicos necesarios para fabricar órganos humanos a la carta. Los mejores médicos trabajaban en sus laboratorios para hacer complicados transplantes y disponían de un servicio de venta que, pagando su elevadísimo precio, podía poner un órgano en cualquier parte del mundo en menos de una semana.
A ojos de George, ser jefe de seguridad en Rainbow Enterprises era el mejor trabajo que un hombre decente podía tener. Ganaba un buen sueldo que mantenía a su familia bien abastecida y trabajaba en una empresa que curaba a gente enferma. Lo que George jamás hubiera esperado ni por asomo, era oír la alarma de fuga justo el día de su jubilación.
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Ransam y Elise salían por la puerta con Chett a cuestas, Lith iba tras ellos. La puerta al otro lado se abrió y los dos guardias entraron por ella apuntando con sus pistolas. -¡Alto chico! No queremos hacerte daño.- Marty se giró hacia ellos y, con sólo desearlo, unas pequeñas esferas de oscuridad envolvieron los globos oculares de los guardias, cegándolos. Hecho esto, salió en pos de sus compañeros dejando atrás los erráticos disparos de los adultos.
-He cegado a los guardias, pero no durará mucho tiempo. ¿Hacia dónde vamos Ransam?-
-No lo se, nunca he estado aquí, tenemos que encontrar un ascensor.- Elise lo miró sorprendida.
-¿Podremos volver a El Hogar?-
-No, No volveremos nunca, ahora entiendo que pasó con Johnny.- Elise miró hacia atrás.
-Nos dijísteis que había sido un accidente.-
-Lo se, pero no fue así. Johnny tenía el poder de hacerse invisible. Estuvo merodeando por aquí arriba y lo pillaron. Consiguió escaparse pero cuando volvió a El Hogar estaba somnoliento y tenía la marca de un pinchazo en el brazo. Justo donde la tiene Chett. Nunca despertó.-
-¡¿Como pudisteis ocultarnos lo que le pasó a Johnny todo este tiempo?!- Marty los seguía en la alocada carrera por los pasillos.
-¡Joder! No podíamos ni imaginar esto. Pensamos que fue un error de los cuidadores, que intentaron borrar sus recuerdos y se pasaron con la dosis.- Elise frenó en seco.
-Allí al fondo, es un ascensor.- Justo en ese momento se apagaron las luces de los pasillos y se encendieron las de emergencia. El ruido de sirenas inundó los corredores -¡Han activado la alarma!.- Los tres se encaminaron al ascensor y pulsaron el botón, pero éste no respondía. Ransam puso sus manos en los hombros de Elise.
-¿Puedes forzar las puertas del ascensor? Sólo estamos a un par de plantas del campo de entrenamiento exterior.
-¿Has traído una cuerda? No podré escalar con Chett a cuestas a no ser que...- Lith le agarró la manita.
-Chett no va a despertar.- Elise puso sus manos en las mejillas de la pequeña.
-¿Estas segura cielo? ha tenido ese suero puesto muy poco tiempo.- La pequeña miró a Chett con los ojos llenos de lágrimas.
-Pueden pasar muchas cosas ahora mismo, no consigo ver con claridad dónde vamos a estar dentro de un rato, pero en ninguna de las imágenes esta Chett. -La niña no pudo contenerse y rompió a llorar. Marty, Ransam y Elise se miraron y asintieron. Dejaron el cuerpo de Chett sentado plácidamente al lado del ascensor. Ransam abrazó a Elise.
-Vamos cielo, puedes hacerlo.- Marty y Lith se unieron al abrazo. Elise miró al ascensor con decisión.
-No dejaremos que nos atrapen, se lo debemos a Chett.- Acto seguido puso los dedos en la ranura que dejaban las dos puertas del ascensor al cerrarse y las intentó separar con todas sus fuerzas. Al principio el esfuerzo parecía inútil, pero poco a poco los músculos de Elise se tensaban y su dureza se multiplicaba. Pronto la envergadura de su espalda y brazos había crecido tanto que parecía una persona distinta. Fue en ese momento cuando las puertas comenzaron a abrirse y Marty y Ransam pudieron unirse, uno a cada lado, al esfuerzo e su amiga. Una vez la puerta se hubo abierto se colaron en el hueco del ascensor e iniciaron el penoso ascenso por la escalerilla de emergencia. Elise estaba totalmente agotada y Ransam cargaba con Lith. Cuando llegaron a la planta Sub1, Ransam advirtió.
-Ya hemos llegado.- Ransam sacó una herramienta de llaves de su mochila y manipuló el mecanismo de emergencia. Un largo pasillo semicircular se abrió ante ellos. -Al final de este pasillo está el hangar que da directamente al exterior.- Al llegar a la puerta, esta se encontraba abierta. Los cuatro chicos entraron por ella en total oscuridad. De repente, con un sonoro chasquido que retumbó por el gigantesco hangar, se encendió una luz. Luego otra y otra más y así sucesivamente hasta que el hangar quedó completamente iluminado. Cincuenta guardias les apuntaban con sus armas.
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