miércoles, 20 de agosto de 2014

El Hogar 2

A diferencia de las plantas inferiores de El Hogar, excavadas en la roca, las dos plantas superiores estaban hechas de placas de acero. No había ventanas, todo El Hogar era subterráneo. De las dos plantas, la inferior contenía la cocina, el gimnasio, la sala de música, las habitaciones y los cuartos de baño. Era entre esa planta y las galerías de roca, donde los niños pasaban su vida. La planta superior era sólo para aquellos que habían pasado la prueba, es decir, solo para aquellos con más de 13 años como Ransam que tenía 15, Chett que estaba a punto de cumplir 16 y ahora también para Elise y Marty que acababan de cumplir 14, pero antes tenían que pasar La Prueba.
Elise siempre pensó que La Prueba serían una serie de retos de habilidad. Se imaginaba esquivando pelotas de goma, saltando vallas, escalando una cuerda... En definitiva todas aquellas cosas que hacían en el gimnasio con Ransam, que hacía las veces de profesor de gimnasia, ya que Chett detestaba el ejercicio físico. Sin embargo la emoción de varios meses se le había pasado en tan sólo unos minutos, en la prueba no había que hacer, literalmente, nada. La única dificultad de aquella prueba era precisamente, estar completamente quieta y en silencio sepulcral.
Ransam y Chett la tendieron en una camilla semi desnuda. Primero le pegaron en el torso unas ventosas que se conectaban a una máquina. Esta escribía por si sola unas líneas que se desviaban continuamente hacia arriba y hacia abajo formando uves. Después la metieron en un tubo dónde tenía que estar muy quieta a pesar del ruido infernal y de las luces cegadoras que este emitía. Por suerte para ella, su oído y sus ojos se adaptaron casi inmediatamente a tal situación con tanta eficacia que casi se quedó dormida del aburrimiento. Le pincharon y extrajeron su sangre igual que cada año se hacía en la revisión sanitaria de la escuela. Todas estas tonterías y muchas más le hicieron de modo que a sus impacientes ojos, La Prueba era el gasto más inútil de tiempo que había sufrido en toda su vida. En lo que ya parecía la recta final el reto no era mayor que soportar sin bostezar a Chett y Ransam hablando sobre constantes vitales y otra parafernalia acerca de su cuerpo y de los resultados que habían dado las distintas máquinas por las que había pasado.
-Bueno Ransam ¿Tu te quedas con ella entonces?-
-Claro Chett, no te preocupes, con Elise no habrá problemas.- El comentario sacó a Elise de su aburrimiento, con los ojos muy abiertos preguntó: -¿Le ha pasado algo a Marty?-
-No, tranquila.- Ransam parecía divertido. -Simplemente es un miedica, ha costado trabajo meterlo en alguna de las máquinas.- Elise suspiró.
-Me habíais asustado.- Chett se giró justo antes de salir de la sala.
-Ya hemos tenido bastantes sustos por hoy con Marty, pásatelo bien con Ransam, el te explicará todo lo que debes saber ahora que has superado La Prueba.- Dicho lo cual salió de la sala con los resultados bajo el brazo. Estuvieron en silencio durante los segundos que pasaron hasta que el sonido del ascensor confirmó que Chett, efectivamente, se había marchado.
-¿Has visto como te miraba Chett antes?- Ransam se sentó en la mesa al lado de Elise.
-¿Cuando estaba desnuda?- La chica sonrió, pícara.
-¡Jajaja! Los ojos se le salían de las órbitas al pobre.- Ransam  se quitó la camiseta. -Túmbese de nuevo en la camilla señorita Elise.- La chica se acercó a él y le arañó suavemente el torso con las uñas.
-No Doctor Ransam, ahora el paciente es usted.- Ambos sonrieron para, acto seguido, juntar sus labios y fundirse en un abrazo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario