Hard Reset
lunes, 1 de septiembre de 2014
Faulkner 7
El parloteo que se acercaba por el pasillo daba mucha información acerca de las dos personas implicadas en él. Varones, muy jóvenes, entre 15 y 20 años y de un nivel cultural mayor del que cabía esperar en dos saqueadores. Le había parecido oír algo acerca de Ridge Valley en aquella conversación, pero no quedaba tiempo. Los individuos estaban ya en la puerta.
-Aquí es, dejemos la bandeja y habremos terminado el turno.-
-¿Seguro que no es en la de al lado?-
-No, estoy casi seguro de que es en esta.-
El sonido de una llave entrando en la cerradura, un par de vueltas y la puerta se abrió. Un chico rubio con un serio problema de acné asomó la cabeza.
-Joder, te dije que no era...-
No tuvo tiempo de decir nada más. El puño de Faulkner se estrelló contra la base de la mandíbula del chaval, dejándolo K.O. al instante. El cuerpo cayó al suelo justo bajo el dintel de la puerta.
-¿Richard? ¿Que cojones pasa?-
Faulkner se asomó y vio a un joven alto y fornido arrodillado junto al primero. Este levantó la cabeza justo a tiempo para ver la planta de un pie hundirse en su cara. Faulkner lo siguió en su caída y, poniéndose tras él, rodeó su cuello con los calzones trenzados. Atrapando a su víctima de esta forma lo arrastró hasta el interior de la habitación y se tendió en el suelo poniendo al joven sobre él. El chico lanzaba sus manos hacia atrás intentando atrapar a su agresor o soltarse de la mortal presa. Pese a todos sus esfuerzos, pronto los tirones y arañazos se convirtieron en estertores y la vida escapó lentamente de su cuerpo. Faulkner no pudo evitar reparar en el contraste entre el blanco albino de su piel y el morado intenso de su cara. El chaval debía estar en torno a la mayoría de edad. Sintió lástima por sus padres, donde quiera que estuvieran, pero no podía permitirse errores. Un sentimiento de culpabilidad aun mayor le asaltó al mirar al joven del acné, sin embargo sabía lo que tenía que hacer. Se agachó y recuperó la improvisada cuerda del cuello del otro chico.
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Faulkner salió de la habitación ataviado con unas botas militares, unos vaqueros negros rotos por las rodillas y una camiseta blanca con un arcoiris dibujado. En su bolsillo descansaban 14 balas y en su mano derecha un revólver cargado y amartillado. Cerró con llave la habitación en la que yacían los dos cadáveres y, de una patada, arrancó el pomo de la puerta.
Se encontraba en un pasillo con varias puertas a cada lado. Posiblemente era una especie de almacén, pero hacía las veces de cárcel a la perfección. La mayoría de las puertas estaban abiertas. Sólo la contigua a la que había sido su celda permanecía cerrada. Sacó el llavero que llevaba en el pantalón trasero de los vaqueros y probó varias llaves hasta que encontró la que pertenecía a dicha cerradura. Empuñando el revólver abrió la puerta con el pie, lo más alejado de ésta que pudo. Sus ojos se abrieron como platos. Un radiado yacía en el suelo, durmiendo plácidamente. En todas las horas que había estado en su celda no había oído ruido alguno en la pared de al lado. El ser era una mole de músculos que medía casi tres metros y tenía la piel de un color rojo intenso. Unos grilletes le sujetaban las manos, otros, mas grandes, los pies y una de cadena de medio metro los unía. Esto le obligaba a adoptar una postura, con las manos entre las piernas, que lo hacía parecer un niño gigante. El ser bostezó y abrió un ojo. Al ver a Faulkner rodó hacia el otro lado y se sentó de espaldas a él.
-¡Lárgate!- Faulkner no había oído hablar de un radiado parlante en toda su vida, pero volvió a cerrar la puerta, lo último que quería era que la bestia formase un escándalo. Aun aturdido por lo ocurrido, se dirigió hacia el fondo del pasillo y asomándose por el hueco de la escalera comprobó que se encontraba en el tercer piso. Bajó e inspeccionó la segunda planta. Esta era mucho mas grande que la superior. A ambos lados del pasillo las aulas se repartían por igual. Faulkner comprobó algunas de ellas. Todas tenían elementos defensivos en las ventanas y, en su mayoría, hacían las veces de almacenes de bienes de primera necesidad. Los saqueadores tenían una pequeña fortuna en vajillas, sanitarios, muebles, herramientas... Los saqueadores estaban más que bien abastecidos con todo ese material. Faulkner se guardó un punzón y un cuchillo de cocina en uno de los bolsillos del pantalón, después se asomó a la ventana de una de las aulas con cautela. Se encontraba en un edificio secundario del complejo educativo que había sido el Ridge View High School. El edificio principal tenía algunos guardias apostados en las ventanas, pero no parecía haber ninguno en el suyo. Buscó con la mirada un indicio de patrullas en el exterior, nada. Estaba anocheciendo, con lo cual lo más posible es que ya nadie estuviera patrullando el exterior. Los humedales circundantes no eran un sitio seguro tras la puesta de sol. Volvió a las escaleras y bajó a la primera planta. Esta era exactamente igual a la segunda en disposición y uso de los saqueadores. Decidió no perder el tiempo rebuscando y se acercó a la puerta exterior, sabía que su objetivo se encontraba en el edificio principal. En ese momento oyó unos pasos acercándose desde el exterior. Tomo posición detrás de la puerta y contuvo la respiración unos segundos... Los pasos pertenecían a una sola persona. Echó mano del cuchillo y el punzón y flexionó los músculos de las piernas. Cuando la puerta se abrió, una chica no mucho mayor que los dos anteriores entró por ella. No tuvo tiempo casi ni de entender que estaba pasando, un pinchazo en la nuca y un mordisco helado en la garganta, se desplomó al instante, ya sin sentido . Faulkner sacó el punzón de las cervicales y limpió el cuchillo en la ropa de la chica mientras su cuerpo aun sufría los estertores. -¡Maldición! Esto es una puta guardería.- El hecho de tener que liquidar adolescentes sólo lo enfurecía más. Registró el cadaver y encontró un arma automática del tipo UZI y dos cargadores completos. Se reafirmó en su pensamiento, dejarlos inconscientes no era una opción, cualquier fallo podría hacerlo acabar como un colador. Un ruido lo sacó de estos pensamientos. Era el motor del buggy. Cerrando la puerta, se ocupó de esconder el cuerpo de la joven y observó la escena desde una ventana.
El sol empezaba a ponerse en el horizonte cuando el buggy aparcó en la puerta del edificio principal. Esta se abrió y de ella salieron el saqueador de la cresta, otro rubio y fornido y una chica no muy distinta de la que ahora yacía muerta cerca de allí. Del buggy bajaron sus ocupantes, dos saqueadores de los asientos delanteros y, del asiento trasero, ¡Roy Fisher! -Mierda Roy, ¿En qué lío te estás metiendo?.- Pensó Faulkner. Los tres saqueadores corrieron hacia él para abrazarlo.
-¡Papá!- Exclamaron al unísono.
jueves, 28 de agosto de 2014
El Hogar 6 (Fin)
Los cuatro chicos permanecieron de pie, amedrentados, ante los guardias. George frunció el ceño al comprobar que sus temores eran ciertos, uno de ellos era Ransam.
-Ransam hijo. ¿Por qué haces esto?- El hombre levantó las manos para mostrar que el era el único adulto que no portaba armas en el hangar.
-¿De que conoces a este tipo Ransam?- Marty miraba hacia todos lados, las manos le temblaban y un sudor frío bajaba por su espalda. -¿Quien es y por qué tiene tantos guardias con él?-
-Es el cuidador Orwell. Él nos enseñó a Chett y a mi el exterior y muchas otras cosas.-
-Ransam. ¿Por qué traes menores al exterior sin permiso? Sabes que eso no puede hacerse.- El cuidador dio un paso hacia ellos. En ese momento Ransam sacó un revolver de sus pantalones.
-Se lo advierto cuidador Orwell, no se acerque ni un paso más.- Los guardias les apuntaron con las armas y las cargaron, el sonido, parecido a un gran crujido, resonó por todo el hangar. Los fugitivos retrocedieron unos pasos ante tal despliegue. Ransam hizo un ademán de cubrir a sus compañeros tras él con el brazo izquierdo mientras con la mano derecha seguía empuñando el arma. -Odiaría dispararle precisamente a usted cuidador Orwell, pero lo haré si fuera necesario.-
-Por supuesto que si, no dudo de tu valentía, pero mi trabajo de cuidador es hacer lo que es debido. En este caso, llevarme a estos tres menores de vuelta a El Hogar.- El hombre dio otro paso. La reacción de Ransam fue encañonarle y, al instante, cincuenta puntitos rojos recorrieron su cuerpo. -¡Que nadie le dispare a no ser que yo lo ordene!- En ese momento, ante el asombro de todos, Lith dio unos pasos al frente y se acercó a George. Marty trató de seguirla pero Elise se lo impidió.
-Señor cuidador, nosotros no... queremos...- Los ojos le quedaron en blanco y la pequeña se desplomó de bruces contra el suelo de hormigón del hangar.
-Yo..., yo..., es muy... pequeña.- El jefe de seguridad parecía estar en shock por el hecho. Marty, librándose de Elise fue hacia Lith y la tomó en brazos.
-¡Mirad lo que habéis conseguido!- El joven miraba con odio a todos los guardias, en especial al estupefacto cuidador. -¡Es sólo una niña!- Elise y Ransam avanzaron hasta él y pusieron sus manos en los hombros de Marty. -Si vais a disparar ya podéis hacerlo. Lith al menos no sentirá nada.- Los guardias miraron confusos a su jefe. Este pareció recobrar la compostura.
-Está bien. Dejad que se vayan.- Un gran revuelo se empezó a formar entre los guardias. Un rumor quedo se extendió por toda la formación. El jefe de turno se acercó a él.
-Señor Orwell, esto es irregular...-
-Yo asumiré todas las consecuencias. Ahora abrid la puerta del hangar.-
-¿La de la valla exterior también jefe Orwell?-
-Si, dejad que estos chicos se vayan, han pasado por mucho para llegar hasta aquí.- Las miradas eran de estupefacción en los dos bandos.
-Gracias cuidador Orwell, es usted un buen hombre.- Ransam le tendió la mano y el cuidador, tras observarlo unos segundos le devolvió el apretón.
-No hay tiempo para esto, idos cuanto antes.-
Y así, ante el asombro de los guardias y los propios muchachos, estos emprendieron el que sería un largo camino lejos de El Hogar.
El desmayo de Lith duró 2 días completos. Cuando los chicos empezaron a temer que no despertaría jamás, Lith abrió los ojos. Y lo hizo riendo a carcajadas. Al principio intentó contarles lo que había ocurrido a sus amigos, pero los ataques de risa no la dejaban. Poco a poco fue tranquilizándose y, cuando por fin consiguieron entenderla, todos echaron a reír y estuvieron así durante horas.
............... 3 días tras la fuga ..................
-Señor Orwell, tiene usted la declaración de 50 de sus hombres en contra. ¿Mantiene su alegato?-
-Yo jamás ordené nada señor Clarke. Lo último que recuerdo es aquel pequeño demonio andando hacia mi. Mi abogado ha presentado el expediente de la chica como prueba. Es una psíquica de primer nivel.-
-¿Deja eso de hacerlo responsable del fracaso en la gestión de una alarma de fuga?-
-No juez Clarke, soy culpable de descuidarme en el desempeño de mi deber, pero no de traicionar a Rainbow Enterprises. Deme 10 hombres y un mes de tiempo y le traeré las cabezas de los 4 chicos en bandeja de plata.-
-No tiene un mes señor Orwell, tiene 15 días. Y le recuerdo que Rainbow no quiere sus cabezas en una bandeja. Sino sus cuerpos completos en una cámara frigorífica. El equipo que utilice y los sueldos de los soldados que lleve con usted, serán descontados de su futura jubilación. Puede retirarse.-
El señor George Orwell dio la mano a su abogado y salió de la sala. Varios compañeros lo saludaron y felicitaron a la salida. Sus manos, su cara... su cuerpo, devolvió los saludos y agradeció los gestos de apoyo. Su mente estaba encerrada en el pozo más profundo de rencor que cabía en su ser.
-Maldito demonio, te encontraré y te destruiré. A ti y a tus amigos.-
miércoles, 27 de agosto de 2014
La Granja 1/2
La milicia estaba a menos de un día de camino. La polvareda que levantaban delataba su posición exacta.
-¿Que puedes ver?- La mujer esperaba impaciente su turno para mirar por el telescopio.
-Toma, míralo por ti misma.- El anciano se apartó y se sentó con dificultad en una silla al lado de ella.
Campo a través avanzaban unas 50 personas, hombres en su mayoría. Al menos 10 de ellos estaban fuertemente armados con pistolas y escopetas, el resto portaba horquillas, palos, cadenas y una imaginativa variedad de armas improvisadas. Los tres agentes de la autoridad montaban a caballo al frente del grupo. El alguacil llevaba un fusil de asalto láser de inconfundible manufactura rusa, sus ayudantes, en cambio, portaban subfusiles de munición sólida, ambos con lanzagranadas. El anciano pareció leer sus pensamientos. -Sólo los tres de delante podrían aniquilarnos sin problemas. Nosotros tan sólo disponemos de dos escopetas y tenemos tres niños que cuidar.-
-Usted es un buen hombre Joaquín, ha estado siempre aquí en la granja y no ha visto los horrores que siguieron a las Guerras Capitales. Le aseguro que las personas que ha acogido aquí hemos hecho de todo para llegar hasta dónde estamos y seremos capaces de volver a hacerlo si es necesario.- María miró al anciano con cariño. -Usted nos ha dado la oportunidad que nunca nadie nos dio, ahora nos corresponde a nosotros devolverle el favor. Si usted pide que nos vayamos, lo haremos.-
-Jamás en mi vida he colaborado en una injusticia y no lo haré ahora. Sois vosotros los que debéis decidir vuestro destino, si el resultado es la muerte...- El viejo se señaló los cuatro pelos blancos que quedaban en su cabeza. -A mi no me queda mucho de cualquier forma.- María le sonrió y se agachó para besar su frente.
-Es usted la última bendición del cielo.-
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En el salón de la casa se encontraban las siete personas a quienes la milicia perseguía. Siete mutantes.
María, su esposo José Luis y sus hijos, los gemelos Jesús y Daniel, eran Elementales. La mutación era discreta en los padres, sin embargo los gemelos tenían unas dotes innatas asombrosas a sus cortos 12 años. No sólo podían manejar las artes elementales más básicas con soltura, además cada uno parecía tener una influencia poderosa en las habilidades de su hermano, de este modo actuaban de potenciadores de los poderes el uno del otro. Era esta cualidad y la curiosidad insaciable de los niños lo que había delatado a la familia como mutantes y les había hecho vivir una vida de parias. Vida que acabó hace dos años cuando Joaquín les dio refugio.
Previamente en La Granja vivían Antonio, un Recio, David, un Corredor y Luna, una Psíquica. Antonio y David eran amigos de la infancia, juntos habían vivido toda clase de aventuras hasta que dieron con Luna. La pequeña había sido abandonada a su suerte y la vida de los dos cambió por completo al hacerse cargo de ella. Pronto decidieron buscar un lugar dónde establecerse y darle a Luna un hogar. Por suerte ambos recordaban el sitio ideal, la granja de Joaquín, un antiguo héroe de la resistencia que había decidido hacerse ermitaño cuando el estado Ruso ganó las Guerras Capitales. Ambos, en la mitad de la treintena, tenían la capacidad y los recursos para luchar por su hogar, sin embargo ninguno podría soportar ver sufrir a su hija de 8 años.
-Hemos vivido 4 años en paz y armonía aquí, dos de ellos con vosotros.- Señaló a la familia de Elementales. -¿Cómo se han enterado ahora de nuestra presencia? ¿Y por qué saben que somos mutantes?- María lo miró con los ojos muy abiertos e hizo un gesto hacia abajo con sus manos.
-Por favor Antonio, Joaquín está descansando en la planta de arriba. No interrumpamos su sueño ahora que por fin ha conseguido dormir.- Antonio pidió disculpas. -La carta lo dice claramente: "Se le acusa de dar cobijo ilegalmente a 7 mutantes. 4 Elementales, 1 Corredor, 1 Recio y 1 Psíquico. Entréguelos antes de 1 semana y será perdonado. Niéguese y serán ejecutados todos." María los miró a todos con expresión grave. -Lo que no dice es que harán con nosotros si nos entrega.- Jose Luis paso el brazo por la cintura a su mujer.
-No hace falta que diga nada, todos hemos visto los cadalsos en cada pueblo y ciudad.- Un escalofrío recorrió la espalda de la mujer.
-¿Que hay del viejo? ¿Se merece que lo cuelguen después de lo que ha hecho por nosotros todos estos años? Yo digo que lo atemos y lo amordacemos. Cuando entren en la casa parecerá que lo forzamos a encubrirnos.-
-La idea de David es buena. Pero no soluciona qué vamos a hacer nosotros, tenemos que pensar en lo que harán con nuestros hijos.- Jose Luis se llevó las manos a las sienes y contrajo la cara en un gesto de dolor.
-¿Nos van a hacer daño Papá?.- Preguntó Jesús mirando a su padre a los ojos.- Antes de que pudiera decir nada Luna abrió la boca.
-No preguntes cosas que ya sabes.-
-Y tu no leas la mente de tus amigos. Te lo he dicho mil veces Luna.- La reprendió David.
-Lo siento David.- EL silencio se apoderó de la sala. Unos pasos lentos y cansados bajaron por la escalera. Joaquín apareció por el rellano y rompió el silencio.
-Si os entregáis moriréis. Si huís, seréis perseguidos por gente con más medios y más armas. Si luchamos aquí tenemos una oportunidad, la de morir siendo libres. Decidamos como nos organizaremos y expliquemos a los niños qué hacer. Venderemos cara nuestra libertad. Sólo os pido un favor... no dejéis que me maten con el rifle de los rusos.- Dijo muy serio y, al instante, se echó a reír.
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Eduardo Negro odiaba profundamente a los mutantes. Su trabajo de alguacil en Santa María solía consistir en encerrar una noche en el calabozo al borracho de turno o mediar en una disputa familiar. Sin embargo en raras ocasiones, que nunca desperdiciaba, llegaba del gobernador de Cordoba la orden de persecución a algún grupo de mutantes que cruzase por la zona. A estas peticiones podía decir con orgullo que jamás había fallado en los 21 años que llevaba de alguacil, hazañas por la cual tenía varias condecoraciones del partido. De todas ellas la más preciada era el Rifle Laser Newton 580nm de haz amarillo. Tenía una cadencia de disparo endiablada, prendía las ropas y la piel de su objetivo con sólo rozarlo y provocaba el miedo y la desesperación en los enemigos, amén de una muerte horrible. Una sola célula de energía podía efectuar hasta 20.000 disparos y, a diferencia de los láseres de haz naranja o rojo, apenas se calentaba. Tal era la devoción que sentía tanto por su rifle como por la caza de mutantes que había bautizado el arma como "Redención".
No estaba nervioso por el abultado número de mutantes a cazar, siete. Tampoco estaba nervioso por la cantidad de patanes que se habían unido a la empresa esperando unas migajas como recompensa, el y sus dos ayudantes se bastaban para hacer el trabajo. Lo que no dejaba de dar vueltas en la cabeza de Eduardo Negro era un ser humano: Joaquín de la Rosa.
Joaquín de la Rosa, que ahora debía rondar los 85 años, había sido un héroe de guerra en las Guerras Capitales por la independencia de la Península Ibérica. A pesar de haber militado en el bando perdedor, El Partido lo había indultado por su conducta ejemplar en el frente y su piedad para con los prisioneros enemigos. A pesar de tener 30 años menos, en su juventud conoció al ahora ermitaño y su mirada se le quedó clavada en el alma. Si había una clase de persona a la que era sabio respetar, esa era la clase de persona a la que Joaquín de la Rosa pertenecía. Si el viejo estaba decidido a presentar batalla y los 7 mutantes, incluyendo un psíquico, a seguir sus instrucciones, la cosa se pondría fea.
Mientras cavilaba sobre esto la columna llegó a la valla exterior de la finca. Junto a las dobles puertas metálicas, un cartel desvencijado daba toda la información que su dueño consideraba necesaria: "La Granja. No Pasar" El tosco dibujo de una escopeta acompañaba al mensaje. Tras la valla se abría una amplia extensión de terreno que abarcaba dos colinas, el valle entre ellas y varias hectáreas de planicie alrededor. El Camino que nacía en la puerta llegaba directamente al caserón, en la colina de la derecha. En la otra colina había un gran establo dónde el viejo tenía a sus animales y junto a éste un granero, un par de silos y una caseta de herramientas. Negro, como lo llamaba todo el mundo, se hizo un gesto con la mano y se volvió hacia sus hombres.
-¡Atención todos! Escuchad bien y haced caso de lo que os ordene y este trabajo será rentable y seguro para todos.- Sus ayudantes tomaron posición a ambos lados y el resto de milicianos se desplegó en abanico ante él. Tras unos segundos de silencio para comprobar que gozaba de toda la atención de su público, se apresuró a dar instrucciones.
-Avanzaremos con cautela y sin dar nada por sentado. Los dos posibles escenarios peligrosos son los siguientes: Los mutantes podrían estar atrincherados en algunos de los edificios. En ese caso los asediaremos con las armas de fuego. Si las casas están deshabitadas, eso significará que han huido hacia el bosque. Si es así, los perseguiremos y daremos con ellos.- Habló con sus dos ayudantes unos minutos y volvió a dirigirse a los milicianos. -Juan y Sebastián irán con 10 de vosotros hacia los establos y el granero, los demás vendréis conmigo hacia la casa.- Dicho esto se dio la vuelta y arreó a su caballo hacia el caserón. 30 hombres con malas armas y peores intenciones le seguían.
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Tal y como Joaquín había predicho, al poco de registrar la casa y no encontrarlos, la patrulla había seguido hacia el bosque dejando unos cuantos en la casa para saquear todos los objetos de valor. Ellos 8, escondidos en el subterráneo, habían oído las conversaciones de los hombres y sabían a que se enfrentaban. Allí en la casa había 6 hombres, 2 de ellos con armas. En el granero había otros 4 con, al menos 1 arma más. La ventaja que poseían sobre aquellos hombres consistía en que los hombres esperaban que, en caso de acercarse a la casa, lo harían desde fuera y no desde dentro. El subterráneo era un túnel excavado con cálculo y precisión. Los dinteles de sujeción cada 10 metros habían sido construidos con madera de los pinos circundantes y tenían refuerzos en las escuadras. La longitud total era la distancia que separaba sus dos entradas, la casa y la caseta de herramientas junto al granero. En mitad del recorrido, en una habitación perfectamente abastecida se encontraban los 8, viendo y escuchando lo que hacían y decían los milicianos gracias a un sistema de cámaras y micrófonos que, al parecer, siempre había estado ahí.
-No dejará usted de sorprenderme nunca Joaquín, llevamos años aquí y jamás nos habló de este refugio.- María seguía mirando la sala con incredulidad. Los dos gemelos salieron de su acalorada discusión sobre que tarea de las que se les habían encomendado haría cada uno, para decir al unísono: -Nosotros si sabíamos que este refugio existía.- A lo que la pequeña Luna se unió. -Yo también.- Los adultos miraron a Joaquín y este, sonriendo, se encogió de hombros.
-Era nuestro secreto.- El semblante del hombre cambió. -Ha llegado el momento.- Todos se reunieron en torno a él. -Este momento va a cambiar sin duda la vida de algunos de nosotros.- Miró con cariño a los 3 niños presentes. -Pero esos hombres quieren hacernos daño. Somos una familia y quién le hace algo malo a uno de nosotros se lo está haciendo a todos los demás, y eso no lo vamos a permitir. Los grupos y la estrategia ya están más que hablados: Los gemelos y David vienen conmigo a la casa, el resto de los adultos van al granero. Antonio y yo tenemos el walkie-talkie.- Miró a Luna con condescendencia. -Tu tienes el otro, ya sabes que tu labor es de las más importantes.- La pequeña asintió con decisión. -Bien, si todo está claro, procedamos.- La familia se unió en un gran abrazo comunal y se dividieron, Luna se quedó mirando los monitores en silencio, a pesar de su corta edad, sabía que algo trágico estaba a punto de ocurrir.
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Antonio salió por la trampilla seguido de Jose Luís y María. Fuera estaba anocheciendo pero la luz del ocaso veraniego aun permitía ver con claridad. Antonio reconoció al tipo que guardaba la puerta del granero como al portador de la pistola, la suerte estaba de su parte. Se giró hacia María y ella asintió. Al punto la mujer empezó a girar las manos como si moldeara una pieza de barro imaginaria. Antonio nunca había sufrido los efectos del hechizo de un Elemental y no estaba impaciente por hacerlo, pero la utilidad de las artes de la mujer era innegable. Con un gesto delicado ella extendió las manos en su dirección con las palmas hacia arriba y una especie de bola invisible de energía, que distorsionaba la luz a su paso, rodó por el aire. Al impactar en él se deshizo muy de forma paulatina creando una película que lo envolvió por completo. En ese momento dejó de oír todo lo que no fuera su propio cuerpo. Tal y como la mujer le había dicho, ningún sonido podía entrar o salir de la fina capa de magia que lo envolvía.
Antonio se acercó a la puerta de la caseta y la abrió con mucho cuidado, se situó a la espalda del tipo que ahora miraba con interés hacia el caserón y propinó un fuerte puñetazo con sus férreos brazos de Recio en la nuca del hombre. Al instante lo agarró y lo metió en la caseta. Jose Luís, cerró la puerta tras ellos y, sin vacilar, mientras Antonio inmovilizaba al todavía confundido miliciano, sacó su navaja y le rajó la garganta. Con mucha más presteza que en la vez anterior, María, en un gesto rápido, envolvió de su magia la cabeza del degollado y, acto seguido, deshizo el hechizo sobre Antonio.
-Así no tenemos que oír sus gorgoteos y espasmos de muerte.- Dijo la mujer sin pizca de piedad en su voz. Antonio registró al tipo mientras aun se movía.
-Tiene un revólver cargado con 4 balas y una navaja. Nos serán de utilidad.- Tras decir esto, sacó las balas del tambor y se las entregó a Jose Luís junto con la navaja. -¿Puedes usar tus habilidades aquí? Por favor.- El hombre tomó las balas y la navaja y las pasó por sus dedos. Cuando se las devolvió a Antonio estas tenían el mismo halo resplandeciente que la propia navaja de Jose Luís. -¿Cuánto dura este endurecimiento del metal?.-
-Años.- Fue todo lo que obtuvo por respuesta. A pesar de que lo había hecho con una frialdad implacable, matar a un semejante le había dejado una huella en el humor. María, desde la ventana, los alertó.
-Se dirigen a la casa, tenemos que actuar.- Acto seguido se puso a trabajar en insonorizarse a ella misma y sus dos acompañantes. Una vez hubo terminado los tres salieron agachados y corrieron tras sus presas, los cuales estaban de espaldas a ellos, caminando colina abajo hacia el gran caserón.
Antonio llegó a la posición de dos de los hombres. Puso el cañón del revólver en la nuca del primero y disparó. Ambos cayeron, el miliciano con los sesos desparramados por la amarilla hierba estival y Antonio con las manos en los oídos. En medio del dolor y la confusión una frase empezaba a cobrar sentido: "El sonido no puede entrar ni salir de esta burbuja." El segundo miliciano, horrorizado al ver el estado de su amigo y la dantesca imagen del Recio retorciéndose en el suelo se giró para avisar a su otro compañero; demasiado tarde, un hombre y una mujer lo cosían a cuchilladas con un frenesí salvaje. Al volverse hacia el Recio este parecía haberse recuperado y trataba de encontrar la pistola entre la hierba. El miliciano apretó con fuerza el mango de su hacha y descargó un golpe justo cuando éste se giraba hacia él.
Antonio estaba buscando el arma con desesperación, sus tímpanos se habían adaptado y el dolor se había esfumado tan pronto como llegó. -Maldito revólver. Debería estar justo aquí-. Un reflejo le reveló su ubicación. -¡Te encontré!- Lanzándose en esa dirección empuñó el revolver y se volvió hacia el segundo hombre, apuntándolo con el arma, justo para ver el hacha descender sobre él. Un sonido sordo y un crujido acompañaron al dolor que subió por el brazo hasta la parte superior de la médula. El hacha había seccionado medio antebrazo, rompiendo el radio y el cúbito y dejando el apéndice unido al brazo tan solo por un colgajo de piel. Antonio se agarraba el muñón intentando detener la hemorragia. Al parecer el hacha, o quizá el disparo anterior, también había roto el hechizo ya que podía oír al miliciano.
-¿Con qué querías matarme por la espalda? Mutante hijo de puta.-
Antonio se levantó y echó a correr hacia el granero pero un nuevo golpe le reventó el hombro derecho. Tendido en el suelo, un chorro de sangre que salía desde dónde había estado su clavícula, se le propulsaba directamente a la boca. Su propia esencia le supo a muerte mientras iba perdiendo la consciencia.
El miliciano se giró, sabiendo que el Recio estaba fuera de combate, para ver a los otros dos, con sendas navajas, correr hacia él. Agachado en la hierba intentó buscar la pistola sin éxito, cuando tuvo a los otros dos mutantes frente a él, los encaró hacha en mano.
-Venid a por mi si tenéis cojones.- Sin mediar palabra los mutantes se abrieron para flanquearlo. Él respondía a los tientos de estos balanceando el hacha hacia una y otra dirección. Los mutantes avanzaban por turnos y él no tenía más opción que caminar de espaldas colina arriba para mantenerlos a raya. -Estos hijos de puta me quieren llevar a algún sitio.- pensó. -Quizá hacia el granero para que no los vean los demás.- Pero un paso más lo sacó de su error. Al apoyar el talón no encontró el suelo, sino el cuerpo del Recio. Desequilibrado, rodó por la hierba pero, cuando se incorporó y quiso blandir su hacha, el hombre ya la había agarrado del mango y ambos forcejeaban por su control. Durante un momento la lucha de fuerzas fue en su favor, hasta que sintió el frío mordisco del acero entrar por sus costillas, una vez y otra más. La mujer procedió una decena de veces más sin hacer mas gesto que el del esfuerzo que ponía en cada golpe. El hombre lo seguía agarrando hasta que perdió todas sus fuerzas, momento en el que se unió al arduo trabajo de su mujer. Con mas de sesenta cuchilladas en su cuerpo los vió partir colina abajo. ¿O era arriba?
Todo le daba vueltas, el dolor ya formaba parte de él. Se vio a si mismo de pequeño, sus abuelos lo miraban con lástima. A su lado le pareció escuchar la voz de una niña: "Los gemelos están en problemas" No tuvo tiempo de descifrar su significado, ni de tener muchas más ensoñaciones. Pronto le sobrevino la muerte.
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La trampa había funcionado a la perfección. Cuatro de los milicianos yacían achicharrados en el gran salón de la casa. El poder de los gemelos era algo que David no había visto nunca. Uno de ellos creó, de la nada, una esfera de líquido incandescente y el otro, gesticulando con sus manos, la estiraba y la movía con agilidad en el aire, como si de una serpiente de destrucción se tratara. Los hombres que hacían guardia en el salón no tuvieron ni una oportunidad cuando vieron aparecer aquello, la serpiente los rodeó y se enroscó a su alrededor calcinándolos al instante. Desgraciadamente ni él ni Joaquín vieron a los dos guardias armados bajo la escalera. Ahora los dos tiradores estaban atrincherados en la cocina con los cuerpos inconscientes de los gemelos, uno de ellos con una grave herida en la pierna izquierda.
-Joaquín tenemos que sacar de ahí a esos tipos.-
-No van a salir, tienen dos rehenes y han llamado por radio pidiendo refuerzos.- Joaquín se rascó la cabeza. -Hay que entrar y disparar, a muerte.-
-Yo puedo entrar corriendo y tomar cobertura, no creo que les de tiempo a acertarme si no lo esperan.- Joaquín se quedó pensativo unos segundos y cogió el walkie-talkie.
-¿Luna puedes verlos?- El receptor emitió la voz de la pequeña.
-Si.-
-¿Dónde están?-
-Uno se ha metido en el armario de la comida, el otro esta detrás de la isla central, ambos gemelos están sobre la isla, los usa de parapeto.- Incluso en una situación así a David se le escapó una sonrisilla.
-No deja de abrumarme el vocabulario de esta chiquilla.- Joaquín asintió con gesto dulce.
-Gracias cariño, ahora es mejor que no mires los monitores durante un rato.- El anciano cortó la comunicación. -David, ve fuera, da la vuelta a la casa y pon el cubo de la basura bajo la ventana que hay al lado de la manguera. Súbete a él y espera. Oirás dos disparos y luego otros dos. En ese momento asómate por la ventana y tendrás un blanco perfecto del que está con los niños.-
-¿Y el otro?-
-Ya estará muerto.-
Joaquín abrió el pequeño armario empotrado del comedor y apartó a uno y otro lado la ropa de invierno que había colgada en él. Comprobó que ambos cartuchos estaban en buenas condiciones, encañonó el fondo del armario y disparó dos veces, ambas a media altura. Haciendo caso omiso de los gritos y los ruidos de botes de cristal rotos, se dirigió a la puerta de la cocina. El tipo que se guardaba tras la isla de la cocina gritaba a su compañero.
-Aaron ¿estas bien? ¿Qué cojones ha pasado?- Todo lo que le llegaba por respuesta eran unos quejidos y ruidos de cristales.
-No, tu amigo no esta nada bien.- Dijo Joaquín y, asomando la escopeta disparó dos veces al techo por encima de dónde, calculó, se encontraba su enemigo.
El joven se agachó para cubrirse de las esquirlas que caían sobre él. Un ruido de cristales rotos y una explosión. No vió ni oyó nada más.
David y joaquín comprobaron y registraron los cadáveres. Al momento llevaron a los gemelos al salón.
-David, saca los cadáveres achicharrados afuera. Después ve por el botiquín del baño.- Tomó el walkie. -Luna cariño, coge el botiquín y las toallas del refugio y ven corriendo a la casa.-
-Ahora mismo.- Se apresuró a contestar la chiquilla.
Daniel estaba inconsciente y sus heridas no eran más graves que la pérdida de unos cuantos dientes y la nariz y el pómulo rotos. Todo ello debido a un culatazo de escopeta. En cambio Jesús había recibido un disparo en la pierna izquierda, casi a la altura de la cadera, y perdido una gran cantidad de sangre. En ese mismo momento José Luís y María entraron portando el cuerpo de Antonio. Los tres parecían bañados en sangre. Joaquín lo evaluó mientras los padres de los gemelos se apresuraban a ver el estado de sus hijos.
-Es un Recio, tiene una oportunidad.- En ese mismo momento llegaban Luna y David, cada uno por una puerta. Joaquín se irguió todo lo que sus viejos huesos le permitieron.
-Señores, hay dos vidas que salvar y mucho trabajo que hacer. Si dejamos de lamentarnos y seguimos mis instrucciones, ambos tendrán una posibilidad. Manos a la obra.- Tras lo cual se puso a dar instrucciones para que todas las manos colaborasen de forma eficiente. Fue una noche muy larga.
martes, 26 de agosto de 2014
El Hogar 5
Durante los tiempos de La Gran Explosión puede que nadie viera Las Vegas como emplazamiento militar estratégico, o que por fortuna ninguna bomba alcanzara su destino. Fuera cual fuera el motivo, Las Vegas era de las pocas ciudades en el mundo que no estaba infestada de durmientes y radiados o reducida a escombros. Esa situación convirtió la ciudad en un enclave comercial e hizo que durante la Guerra de Separación, fuera elegida como capital de la República del Oeste Americano. En la ciudad habían prosperado grandes empresas, la mayoría de ellas relacionadas con la potabilización de aguas, el armamento o la industria farmacéutica. Los inversores de Las Vegas pagaban sumas desorbitadas por cualquier rastro de tecnología anterior a La Gran Explosión que alguien encontrase en cualquier parte del mundo. Pero de todas esas compañías, una desarrolló una tecnología asombrosa. Rainbow Enterprises había conseguido los antiquísimos aparatos médicos necesarios para fabricar órganos humanos a la carta. Los mejores médicos trabajaban en sus laboratorios para hacer complicados transplantes y disponían de un servicio de venta que, pagando su elevadísimo precio, podía poner un órgano en cualquier parte del mundo en menos de una semana.
A ojos de George, ser jefe de seguridad en Rainbow Enterprises era el mejor trabajo que un hombre decente podía tener. Ganaba un buen sueldo que mantenía a su familia bien abastecida y trabajaba en una empresa que curaba a gente enferma. Lo que George jamás hubiera esperado ni por asomo, era oír la alarma de fuga justo el día de su jubilación.
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Ransam y Elise salían por la puerta con Chett a cuestas, Lith iba tras ellos. La puerta al otro lado se abrió y los dos guardias entraron por ella apuntando con sus pistolas. -¡Alto chico! No queremos hacerte daño.- Marty se giró hacia ellos y, con sólo desearlo, unas pequeñas esferas de oscuridad envolvieron los globos oculares de los guardias, cegándolos. Hecho esto, salió en pos de sus compañeros dejando atrás los erráticos disparos de los adultos.
-He cegado a los guardias, pero no durará mucho tiempo. ¿Hacia dónde vamos Ransam?-
-No lo se, nunca he estado aquí, tenemos que encontrar un ascensor.- Elise lo miró sorprendida.
-¿Podremos volver a El Hogar?-
-No, No volveremos nunca, ahora entiendo que pasó con Johnny.- Elise miró hacia atrás.
-Nos dijísteis que había sido un accidente.-
-Lo se, pero no fue así. Johnny tenía el poder de hacerse invisible. Estuvo merodeando por aquí arriba y lo pillaron. Consiguió escaparse pero cuando volvió a El Hogar estaba somnoliento y tenía la marca de un pinchazo en el brazo. Justo donde la tiene Chett. Nunca despertó.-
-¡¿Como pudisteis ocultarnos lo que le pasó a Johnny todo este tiempo?!- Marty los seguía en la alocada carrera por los pasillos.
-¡Joder! No podíamos ni imaginar esto. Pensamos que fue un error de los cuidadores, que intentaron borrar sus recuerdos y se pasaron con la dosis.- Elise frenó en seco.
-Allí al fondo, es un ascensor.- Justo en ese momento se apagaron las luces de los pasillos y se encendieron las de emergencia. El ruido de sirenas inundó los corredores -¡Han activado la alarma!.- Los tres se encaminaron al ascensor y pulsaron el botón, pero éste no respondía. Ransam puso sus manos en los hombros de Elise.
-¿Puedes forzar las puertas del ascensor? Sólo estamos a un par de plantas del campo de entrenamiento exterior.
-¿Has traído una cuerda? No podré escalar con Chett a cuestas a no ser que...- Lith le agarró la manita.
-Chett no va a despertar.- Elise puso sus manos en las mejillas de la pequeña.
-¿Estas segura cielo? ha tenido ese suero puesto muy poco tiempo.- La pequeña miró a Chett con los ojos llenos de lágrimas.
-Pueden pasar muchas cosas ahora mismo, no consigo ver con claridad dónde vamos a estar dentro de un rato, pero en ninguna de las imágenes esta Chett. -La niña no pudo contenerse y rompió a llorar. Marty, Ransam y Elise se miraron y asintieron. Dejaron el cuerpo de Chett sentado plácidamente al lado del ascensor. Ransam abrazó a Elise.
-Vamos cielo, puedes hacerlo.- Marty y Lith se unieron al abrazo. Elise miró al ascensor con decisión.
-No dejaremos que nos atrapen, se lo debemos a Chett.- Acto seguido puso los dedos en la ranura que dejaban las dos puertas del ascensor al cerrarse y las intentó separar con todas sus fuerzas. Al principio el esfuerzo parecía inútil, pero poco a poco los músculos de Elise se tensaban y su dureza se multiplicaba. Pronto la envergadura de su espalda y brazos había crecido tanto que parecía una persona distinta. Fue en ese momento cuando las puertas comenzaron a abrirse y Marty y Ransam pudieron unirse, uno a cada lado, al esfuerzo e su amiga. Una vez la puerta se hubo abierto se colaron en el hueco del ascensor e iniciaron el penoso ascenso por la escalerilla de emergencia. Elise estaba totalmente agotada y Ransam cargaba con Lith. Cuando llegaron a la planta Sub1, Ransam advirtió.
-Ya hemos llegado.- Ransam sacó una herramienta de llaves de su mochila y manipuló el mecanismo de emergencia. Un largo pasillo semicircular se abrió ante ellos. -Al final de este pasillo está el hangar que da directamente al exterior.- Al llegar a la puerta, esta se encontraba abierta. Los cuatro chicos entraron por ella en total oscuridad. De repente, con un sonoro chasquido que retumbó por el gigantesco hangar, se encendió una luz. Luego otra y otra más y así sucesivamente hasta que el hangar quedó completamente iluminado. Cincuenta guardias les apuntaban con sus armas.
lunes, 25 de agosto de 2014
Faulkner 6
Pero la luz volvió. Al principio no fue definitivo. Tuvo varios intentos salpicados de imágenes borrosas y conversaciones confusas, pero, al final, abrió los ojos y la luz estaba ahí. La luz de una ventana para ser exactos. Se encontraba tumbado boca arriba en el suelo y no tenía sensación de dolor alguna. -Tengo todo el cuerpo dormido, cuando mueva algo me va a doler hasta el alma.- Efectivamente. Empezó por los pies e instatáneamente dos finos hilos de dolor subieron por las piernas hasta la espalda. Según se le despertaban, la pierna izquierda empezó a doler más y más y, a la altura de la cadera, sintió una hinchazón latir como si tuviera el corazón allí dentro, y a cada latido, un espasmo de dolor le recorría la médula. -¿Me habré partido la cadera?- Pese al dolor intentó levantar la pierna y mover la pelvis, ambas maniobras pudo realizarlas sin mayor dificultad. -Posiblemente será sólo el hematoma o una pequeña fisura.- La espalda y los brazos fueron mucho mejor, el entumecimiento se pasó en unos segundos y sólo dejó un ligero malestar. Se tocó la cara y la tenía bien. El lado izquierdo estaba cubierto de sangre seca. Palpando, descubrió la herida; una brecha cerrada a la altura de la sien que, para su sorpresa, escocía un poco pero apenas dolía. Había pasado algo por alto, tenia frío. Le sobrevino un ataque de tos durante el que todos los dolores se multiplicaron, se dio cuenta de que estaba tiritando y desnudo, vestido tan solo con sus calzoncillos.
La habitación donde se encontraba no medía mucho más que el típico cuartucho que uno podía alquilar en cualquier antro, con la diferencia de que este estaba completamente vacío. Resistiendo las fuertes punzadas que le incitaban a quedarse tumbado, se puso de rodillas y luego en pié. La ventana estaba provista de una fuerte reja metálica soldada al marco y se hallaba al menos un metro por encima de su cabeza. -Desde luego por ahí no voy a salir.- Se acercó a la puerta, esta era normal, de madera, aunque el pomo había sido arrancado. Se quedó allí durante unos veinte minutos, inmóvil frente a la puerta. Su cerebro encajó las piezas del puzzle, recordó todo lo que podía recordar, se hizo cargo de la situación en la que estaba y barajó sus posibilidades. Se quitó los calzoncillos y fue a situarse al lado de la puerta, por la parte en que esta se abría. Retorció los calzoncillos hasta que formó con ellos una cuerda dura y resistente, la cogió por ambos extremos, tensó los músculos de sus brazos y apretó los dedos para probar su fuerza. Satisfecho con los resultados se quedó con sus propios pensamientos mientras repetía: -Que venga sólo uno. Que venga sólo uno...-
domingo, 24 de agosto de 2014
Acerca de Hard Reset
Algunos me habéis preguntado por Hard Reset, por su nombre, por su periodicidad, por su mundo...
Voy a contestar algunas de las preguntas que me habéis hecho por si pudiera satisfacer la curiosidad de alguien.
P: ¿Por qué Hard Reset?
R: Sencillo, es un término del mundo de la informática que siempre me lleva dando vueltas a la cabeza para un relato post apocalíptico. La idea original era hacer un relato que se llamase así, pero según empecé a diseñar mi propio mundo apocalíptico tras el "Reseteo" de una guerra nuclear, me di cuenta de que tenía demasiadas ideas que me gustaban como para hacer un único relato.
P: ¿Cada cuánto tiempo sale un capítulo nuevo de Hard Reset?
R: En principio cada día de Lunes a Viernes, pero el trabajo y otras cosas podrían disminuir el número de publicaciones. Pase lo que pase no quiero caer por debajo de las dos publicaciones a la semana, pero es verdad que según aumenta mi ritmo de trabajo en otras obras y en una traducción que estoy llevando a cabo, Hard Reset puede disminuir su frecuencia.
P: ¿Qué ha pasado en el mundo de Hard Reset?
R: Esta es una respuesta que sería demasiado larga para darla aquí, pronto terminaré un apéndice que explica los principales sucesos que ocurrieron en el mundo tras La Gran Explosión como la Guerra de Separación en Norteamérica, Las Guerras Capitales en Europa o la (aun en curso) Gran Guerra Mutante en Asia.
P: ¿Estoy loco o hay nombres y situaciones que me suenan?
R: Ambas cosas. Estás loco porque estas leyendo la obra de un loco y, además, eres un Geek, o Friki, o como lo quieras llamar porque estas reconociendo la decena de homenajes y guiños que hay en Hard Reset. Esta es una publicación que hago por diversión, no es el mayor proyecto que tengo ahora mismo en mente y, por tanto, me gusta meter muchos "huevos de pascua". Todo esto no descarta que Hard Reset algún día sea publicado. Que yo espero que lo sea.
Seguiré añadiendo preguntas que me hagáis en este post =)
Voy a contestar algunas de las preguntas que me habéis hecho por si pudiera satisfacer la curiosidad de alguien.
P: ¿Por qué Hard Reset?
R: Sencillo, es un término del mundo de la informática que siempre me lleva dando vueltas a la cabeza para un relato post apocalíptico. La idea original era hacer un relato que se llamase así, pero según empecé a diseñar mi propio mundo apocalíptico tras el "Reseteo" de una guerra nuclear, me di cuenta de que tenía demasiadas ideas que me gustaban como para hacer un único relato.
P: ¿Cada cuánto tiempo sale un capítulo nuevo de Hard Reset?
R: En principio cada día de Lunes a Viernes, pero el trabajo y otras cosas podrían disminuir el número de publicaciones. Pase lo que pase no quiero caer por debajo de las dos publicaciones a la semana, pero es verdad que según aumenta mi ritmo de trabajo en otras obras y en una traducción que estoy llevando a cabo, Hard Reset puede disminuir su frecuencia.
P: ¿Qué ha pasado en el mundo de Hard Reset?
R: Esta es una respuesta que sería demasiado larga para darla aquí, pronto terminaré un apéndice que explica los principales sucesos que ocurrieron en el mundo tras La Gran Explosión como la Guerra de Separación en Norteamérica, Las Guerras Capitales en Europa o la (aun en curso) Gran Guerra Mutante en Asia.
P: ¿Estoy loco o hay nombres y situaciones que me suenan?
R: Ambas cosas. Estás loco porque estas leyendo la obra de un loco y, además, eres un Geek, o Friki, o como lo quieras llamar porque estas reconociendo la decena de homenajes y guiños que hay en Hard Reset. Esta es una publicación que hago por diversión, no es el mayor proyecto que tengo ahora mismo en mente y, por tanto, me gusta meter muchos "huevos de pascua". Todo esto no descarta que Hard Reset algún día sea publicado. Que yo espero que lo sea.
Seguiré añadiendo preguntas que me hagáis en este post =)
viernes, 22 de agosto de 2014
El Hogar 4
El conducto de aire era estrecho y estaba lleno de porquería. Elise siempre había imaginado que esos tubos cuadrados que iban pegados al techo de las plantas superiores de El Hogar, estarían por dentro tan limpios y relucientes como por fuera. Pero no era así. Tenía la ropa que se había puesto recién limpia como si hubiera estado toda la tarde revolcándose en el fango de la gruta. -Joder que asco, ¿Seguro que no podemos ir con tus poderes Marty?- Escuchó la voz del chico detrás de ella.
-No lo he intentado nunca con 4 personas, lo más probable es que sólo pueda movernos unos metros, lo justo para pasar la parte de los guardias.- Al instante la voz de Ransam sonó por delante de ellos.
-Ya es un milagro que pueda incluir a alguien en su hechizo. He mirado los expedientes de todos los niños mutantes que han pasado por El Hogar en sus 55 años de existencia y no he encontrado nada que siquiera se le parezca. Como tampoco he encontrado a nadie que parezca un Corredor con poderes de Elemental.- El joven se detuvo en seco. -Ya estamos aquí.- Sacó una llave de la mochila y procedió a quitar las tuercas de los pernos que sostenían la rejilla de ventilación. Metió la rejilla dentro del conducto y se deslizó fuera de él. Al momento Elise salió, la ayudó a bajar e hizo lo mismo con Marty y Lith.
Estaban en una oscuridad casi total. Solo las dos tenues luces de emergencia dejaban entrever un mar de estanterías, cajas y cachivaches.
-No habléis, estamos en el almacén de los pisos superiores, afuera hay un par de cuidadores haciendo guardia. Si nos pillasen no quiero ni imaginar el castigo que nos pondrían.- Susurró Ransam. Marty habló con un volumen aun más tenue.
-Ahora acercaos a mi y pase lo que pase mantened el silencio, yo puedo ocultarnos llevándonos de sombra en sombra, pero no puedo camuflar el sonido. ¿Entendido?- Sus tres amigos asintieron.
Marty desapareció en un abrir y cerrar de ojos. Dónde el estaba se formó un diminuto punto de una negrura, tan intensa, que podía verse con una definición perfecta, a pesar de la oscuridad que reinaba en el almacén. En un santiamén el punto empezó a fluctuar y a expandirse poco a poco, hasta convertirse en una especie de cortina de oscuridad ondulante. De repente la oscuridad se cernió sobre ellos envolviéndolos. Y el mundo cambió.
Elise tuvo la sensación de llevar puesto un disfraz con voluntad propia. Se veía a si misma con normalidad a pesar de ser un haz de oscuridad, podía sentir sus piernas y sus brazos y, al mismo tiempo, podía sentir los de Marty. Pasaron bajo la puerta sin dificultad. Efectivamente allí estaban dos adultos, ambos vestidos con la misma indumentaria. Su voz sonaba distante y extrañamente reverberante, pero podía entender la conversación sin dificultad.
-Ya es la hora.-
-El chico debería estar preparado.-
-Me da pena que no le dejen despedirse de los otros chicos.-
-Que más da, ya sabes que es mejor no encariñarte con esos mocosos.-
La luz roja de la puerta que estaba frente a los guardias cambió a verde. Uno de ellos se acercó y pulsó un botón redondo, se produjo un zumbido y comenzó a sonar un ruido de engranajes y cadenas. Cuando cesó, la puerta se abrió y por ella apareció Chett vestido con un batín.
-Saludos cuidadores.-
-Saludos Chett ¿Has seguido las instrucciones de la sala de cuarentena?-
-Si señor, me he duchado con los 3 productos distintos, raspándome bien y por todos lados. Después metí mi ropa y mis pertenencias en la incineradora y me vestí con esta bata para la ceremonia.-
-Lo has hecho muy bien chaval, acompáñame a la sala contigua, allí podrás relajarte hasta que los cuidadores superiores te llamen para la ceremonia.- Dicho esto los guardias se encaminaron hacia el lado de la sala opuesto al ascensor con el tembloroso Chett tras ellos.
En cuanto la sombra de Chett pasó a su lado, sintió como se deslizaba ágilmente hacia el interior de esta para dejarse transportar plácidamente mecida en ella. -"¿No es fantástico?"- Resonó la voz de Marty en su cabeza y, al instante recibió los pensamientos afirmativos de Ransam y Lith llegando desde otras partes de la sombra. En ese momento cruzaron la puerta, los guardias sentaron a Chett en una silla y le dijeron que aun tenía parte de la cuarentena por pasar, acto seguido, prepararon con un suero que colgaron de un gotero y posteriormente le inyectaron.
-Ahora quédate tranquilo hasta que el suero haga su efecto. En un rato vendrán a buscarte los cuidadores.- El pobre Chett ni siquiera se atrevió a hablar, estaba tan nervioso que tras abrir la boca sin conseguir emitir sonido alguno, se limitó a asentir. Luego los guardias se fueron y los chicos se quedaron solos con su amigo. Tras un momento para asegurarse que los mayores se alejaban, Marty expulsó a sus amigos de las sombras, se materializó ante ellos y cayó de rodillas exhausto. Sus tres compañeros no se encontraban en un estado mucho mejor, mareados tras el viaje, les estaba pasando factura adaptarse de nuevo a la gravedad y la corporeidad. Lith fue la primera en levantarse y, señalando al respaldo de la silla dijo. -Chett se ha dormido.-
Los demás se miraron entre si y fueron a ver su estado. Efectivamente Chett tenía la cabeza apoyada en su propio hombro y un hilo de babilla le caía por la comisura de los labios. Su respiración era lenta y serena, como la de quien duerme profundamente.
-¿Como puede estar así? Hace sólo unos segundos que se han ido los guardias.- Ransam no daba crédito a lo que veían sus ojos.
Marty, apoyado sobre sus rodillas, tomó aire para hablar.
-Debe ser... ese suero.- Dijo jadeando y señalo con una de sus manos a la botella que colgaba del gotero. Elise, ya recuperada, miró a Chett con atención.
-Si esto es parte del ritual, quizá debamos irnos sin más, supongo que no podremos despedirnos de él... ¡Ahhhhh...!- Una punzada de dolor recorrió la espalda de Elise. El dolor era tan intenso que la hizo caer de rodillas, buscó en su cuerpo una reacción para aliviarlo pero no la encontró... la fuente del dolor no era algo físico. Abrió los ojos para ver a Marty y Ransam retorcerse por el suelo con las manos en la cabeza y a Lith... de pie con la mirada perdida en el infinito. Elise se acercó hacia ella, pero a cada paso que se acercaba el dolor crecía en intensidad tanto que parecía que la médula y el cráneo fueran a explotarle. Por los gritos de dolor de Marty, supuso que su débil amigo no podría soportar un dolor así por mucho más tiempo. Respiró hondo, se armó de valor y de dos zancadas alcanzó a la pequeña. -¡Lith para, por favor! ¿Qué estas haciendo cariño?- En cuanto puso sus manos sobre la chica el dolor cesó. La chiquilla tenía la mirada perdida con los ojos envueltos en lágrimas.
-¡Están matando a Chett! ¡Lo están descuartizando y metiendo sus trozos en hielo!- Elise estaba confundida por las palabras de la niña, pero tenía otra preocupación en mente, podía oír a los guardias encaminarse hacia la sala. Lo más probable era que hubieran sufrido el efecto de... lo que quiera que hubiera sido aquello.
-Lith cariño, ven conmigo...- Se giró y gritó -¡Marty, tienes que sacarnos de aquí!- Lith seguía con la mirada perdida, pero Elise sintió sus manitas agarrar las de ella con fuerza.
-¡No somos sus hijos! Somos su ganado.-
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