jueves, 28 de agosto de 2014

El Hogar 6 (Fin)



Los cuatro chicos permanecieron de pie, amedrentados, ante los guardias. George frunció el ceño al comprobar que sus temores eran ciertos, uno de ellos era Ransam.
-Ransam hijo. ¿Por qué haces esto?- El hombre levantó las manos para mostrar que el era el único adulto que no portaba armas en el hangar.
-¿De que conoces a este tipo Ransam?- Marty miraba hacia todos lados, las manos le temblaban y un sudor frío bajaba por su espalda. -¿Quien es y por qué tiene tantos guardias con él?-
-Es el cuidador Orwell. Él nos enseñó a Chett y a mi el exterior y muchas otras cosas.-
-Ransam. ¿Por qué traes menores al exterior sin permiso? Sabes que eso no puede hacerse.- El cuidador dio un paso hacia ellos. En ese momento Ransam sacó un revolver de sus pantalones.
-Se lo advierto cuidador Orwell, no se acerque ni un paso más.- Los guardias les apuntaron con las armas y las cargaron, el sonido, parecido a un gran crujido, resonó por todo el hangar. Los fugitivos retrocedieron unos pasos ante tal despliegue. Ransam hizo un ademán de cubrir a sus compañeros tras él con el brazo izquierdo mientras con la mano derecha seguía empuñando el arma.  -Odiaría dispararle precisamente a usted cuidador Orwell, pero lo haré si fuera necesario.-
-Por supuesto que si, no dudo de tu valentía, pero mi trabajo de cuidador es hacer lo que es debido. En este caso, llevarme a estos tres menores de vuelta a El Hogar.- El hombre dio otro paso. La reacción de Ransam fue encañonarle y, al instante, cincuenta puntitos rojos recorrieron su cuerpo. -¡Que nadie le dispare a no ser que yo lo ordene!- En ese momento, ante el asombro de todos, Lith dio unos pasos al frente y se acercó a George. Marty trató de seguirla pero Elise se lo impidió.
-Señor cuidador, nosotros no... queremos...- Los ojos le quedaron en blanco y la pequeña se desplomó de bruces contra el suelo de hormigón del hangar.
-Yo..., yo..., es muy... pequeña.- El jefe de seguridad parecía estar en shock por el hecho. Marty, librándose de Elise fue hacia Lith y la tomó en brazos.
-¡Mirad lo que habéis conseguido!- El joven miraba con odio a todos los guardias, en especial al estupefacto cuidador. -¡Es sólo una niña!- Elise y Ransam avanzaron hasta él y pusieron sus manos en los hombros de Marty. -Si vais a disparar ya podéis hacerlo. Lith al menos no sentirá nada.- Los guardias miraron confusos a su jefe. Este pareció recobrar la compostura.
-Está bien. Dejad que se vayan.- Un gran revuelo se empezó a formar entre los guardias. Un rumor quedo se extendió por toda la formación. El jefe de turno se acercó a él.
-Señor Orwell, esto es irregular...-
-Yo asumiré todas las consecuencias. Ahora abrid la puerta del hangar.-
-¿La de la valla exterior también jefe Orwell?-
-Si, dejad que estos chicos se vayan, han pasado por mucho para llegar hasta aquí.- Las miradas eran de estupefacción en los dos bandos.
-Gracias cuidador Orwell, es usted un buen hombre.- Ransam le tendió la mano y el cuidador, tras observarlo unos segundos le devolvió el apretón.
-No hay tiempo para esto, idos cuanto antes.-
Y así, ante el asombro de los guardias y los propios muchachos, estos emprendieron el que sería un largo camino lejos de El Hogar.
El desmayo de Lith duró 2 días completos. Cuando los chicos empezaron a temer que no despertaría jamás, Lith abrió los ojos. Y lo hizo riendo a carcajadas. Al principio intentó contarles lo que había ocurrido a sus amigos, pero los ataques de risa no la dejaban. Poco a poco fue tranquilizándose y, cuando por fin consiguieron entenderla, todos echaron a reír y estuvieron así durante horas.

............... 3 días tras la fuga ..................

-Señor Orwell, tiene usted la declaración de 50 de sus hombres en contra. ¿Mantiene su alegato?-
-Yo jamás ordené nada señor Clarke. Lo último que recuerdo es aquel pequeño demonio andando hacia mi. Mi abogado ha presentado el expediente de la chica como prueba. Es una psíquica de primer nivel.-
-¿Deja eso de hacerlo responsable del fracaso en la gestión de una alarma de fuga?-
-No juez Clarke, soy culpable de descuidarme en el desempeño de mi deber, pero no de traicionar a Rainbow Enterprises. Deme 10 hombres y un mes de tiempo y le traeré las cabezas de los 4 chicos en bandeja de plata.-
-No tiene un mes señor Orwell, tiene 15 días. Y le recuerdo que Rainbow no quiere sus cabezas en una bandeja. Sino sus cuerpos completos en una cámara frigorífica. El equipo que utilice y los sueldos de los soldados que lleve con usted, serán descontados de su futura jubilación. Puede retirarse.-
El señor George Orwell dio la mano a su abogado y salió de la sala. Varios compañeros lo saludaron y felicitaron a la salida. Sus manos, su cara... su cuerpo, devolvió los saludos y agradeció los gestos de apoyo. Su mente estaba encerrada en el pozo más profundo de rencor que cabía en su ser.
-Maldito demonio, te encontraré y te destruiré. A ti y a tus amigos.-

miércoles, 27 de agosto de 2014

La Granja 1/2



La milicia estaba a menos de un día de camino. La polvareda que levantaban delataba su posición exacta.
-¿Que puedes ver?- La mujer esperaba impaciente su turno para mirar por el telescopio.
-Toma, míralo por ti misma.- El anciano se apartó y se sentó con dificultad en una silla al lado de ella.
Campo a través avanzaban unas 50 personas, hombres en su mayoría. Al menos 10 de ellos estaban fuertemente armados con pistolas y escopetas, el resto portaba horquillas, palos, cadenas y una imaginativa variedad de armas improvisadas. Los tres agentes de la autoridad montaban a caballo al frente del grupo. El alguacil llevaba un fusil de asalto láser de inconfundible manufactura rusa, sus ayudantes, en cambio, portaban subfusiles de munición sólida, ambos con lanzagranadas. El anciano pareció leer sus pensamientos. -Sólo los tres de delante podrían aniquilarnos sin problemas. Nosotros tan sólo disponemos de dos escopetas y tenemos tres niños que cuidar.-
-Usted es un buen hombre Joaquín, ha estado siempre aquí en la granja y no ha visto los horrores que siguieron a las Guerras Capitales. Le aseguro que las personas que ha acogido aquí hemos hecho de todo para llegar hasta dónde estamos y seremos capaces de volver a hacerlo si es necesario.- María miró al anciano con cariño. -Usted nos ha dado la oportunidad que nunca nadie nos dio, ahora nos corresponde a nosotros devolverle el favor. Si usted pide que nos vayamos, lo haremos.-
-Jamás en mi vida he colaborado en una injusticia y no lo haré ahora. Sois vosotros los que debéis decidir vuestro destino, si el resultado es la muerte...- El viejo se señaló los cuatro pelos blancos que quedaban en su cabeza. -A mi no me queda mucho de cualquier forma.- María le sonrió y se agachó para besar su frente.
-Es usted la última bendición del cielo.-

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En el salón de la casa se encontraban las siete personas a quienes la milicia perseguía. Siete mutantes.
María, su esposo José Luis y sus hijos, los gemelos Jesús y Daniel, eran Elementales. La mutación era discreta en los padres, sin embargo los gemelos tenían unas dotes innatas asombrosas a sus cortos 12 años. No sólo podían manejar las artes elementales más básicas con soltura, además cada uno parecía tener una influencia poderosa en las habilidades de su hermano, de este modo actuaban de potenciadores de los poderes el uno del otro. Era esta cualidad y la curiosidad insaciable de los niños lo que había delatado a la familia como mutantes y les había hecho vivir una vida de parias. Vida que acabó hace dos años cuando Joaquín les dio refugio.
Previamente en La Granja vivían Antonio, un Recio, David, un Corredor y Luna, una Psíquica. Antonio y David eran amigos de la infancia, juntos habían vivido toda clase de aventuras hasta que dieron con Luna. La pequeña había sido abandonada a su suerte y la vida de los dos cambió por completo al hacerse cargo de ella. Pronto decidieron buscar un lugar dónde establecerse y darle a Luna un hogar. Por suerte ambos recordaban el sitio ideal, la granja de Joaquín, un antiguo héroe de la resistencia que había decidido hacerse ermitaño cuando el estado Ruso ganó las Guerras Capitales. Ambos, en la mitad de la treintena, tenían la capacidad y los recursos para luchar por su hogar, sin embargo ninguno podría soportar ver sufrir a su hija de 8 años.
-Hemos vivido 4 años en paz y armonía aquí, dos de ellos con vosotros.- Señaló a la familia de Elementales. -¿Cómo se han enterado ahora de nuestra presencia? ¿Y por qué saben que somos mutantes?- María lo miró con los ojos muy abiertos e hizo un gesto hacia abajo con sus manos.
-Por favor Antonio, Joaquín está descansando en la planta de arriba. No interrumpamos su sueño ahora que por fin ha conseguido dormir.- Antonio pidió disculpas. -La carta lo dice claramente: "Se le acusa de dar cobijo ilegalmente a 7 mutantes. 4 Elementales, 1 Corredor, 1 Recio y 1 Psíquico. Entréguelos antes de 1 semana y será perdonado. Niéguese y serán ejecutados todos." María los miró a todos con expresión grave. -Lo que no dice es que harán con nosotros si nos entrega.- Jose Luis paso el brazo por la cintura a su mujer.
-No hace falta que diga nada, todos hemos visto los cadalsos en cada pueblo y ciudad.- Un escalofrío recorrió la espalda de la mujer.
-¿Que hay del viejo? ¿Se merece que lo cuelguen después de lo que ha hecho por nosotros todos estos años? Yo digo que lo atemos y lo amordacemos. Cuando entren en la casa parecerá que lo forzamos a encubrirnos.-
-La idea de David es buena. Pero no soluciona qué vamos a hacer nosotros, tenemos que pensar en lo que harán con nuestros hijos.- Jose Luis se llevó las manos a las sienes y contrajo la cara en un gesto de dolor.
-¿Nos van a hacer daño Papá?.- Preguntó Jesús mirando a su padre a los ojos.- Antes de que pudiera decir nada Luna abrió la boca.
-No preguntes cosas que ya sabes.-
-Y tu no leas la mente de tus amigos. Te lo he dicho mil veces Luna.- La reprendió David.
-Lo siento David.- EL silencio se apoderó de la sala. Unos pasos lentos y cansados bajaron por la escalera. Joaquín apareció por el rellano y rompió el silencio.
-Si os entregáis moriréis. Si huís, seréis perseguidos por gente con más medios y más armas. Si luchamos aquí tenemos una oportunidad, la de morir siendo libres. Decidamos como nos organizaremos y expliquemos a los niños qué hacer. Venderemos cara nuestra libertad. Sólo os pido un favor... no dejéis que me maten con el rifle de los rusos.- Dijo muy serio y, al instante,  se echó a reír.

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Eduardo Negro odiaba profundamente a los mutantes. Su trabajo de alguacil en Santa María solía consistir en encerrar una noche en el calabozo al borracho de turno o mediar en una disputa familiar. Sin embargo en raras ocasiones, que nunca desperdiciaba, llegaba del gobernador de Cordoba la orden de persecución a algún grupo de mutantes que cruzase por la zona. A estas peticiones podía decir con orgullo que jamás había fallado en los 21 años que llevaba de alguacil, hazañas por la cual tenía varias condecoraciones del partido. De todas ellas la más preciada era el Rifle Laser Newton 580nm de haz amarillo. Tenía una cadencia de disparo endiablada, prendía las ropas y la piel de su objetivo con sólo rozarlo y provocaba el miedo y la desesperación en los enemigos, amén de una muerte horrible. Una sola célula de energía podía efectuar hasta 20.000 disparos y, a diferencia de los láseres de haz naranja o rojo, apenas se calentaba. Tal era la devoción que sentía tanto por su rifle como por la caza de mutantes que había bautizado el arma como "Redención".
No estaba nervioso por el abultado número de mutantes a cazar, siete. Tampoco estaba nervioso por la cantidad de patanes que se habían unido a la empresa esperando unas migajas como recompensa, el y sus dos ayudantes se bastaban para hacer el trabajo. Lo que no dejaba de dar vueltas en la cabeza de Eduardo Negro era un ser humano: Joaquín de la Rosa.
Joaquín de la Rosa, que ahora debía rondar los 85 años, había sido un héroe de guerra en las Guerras Capitales por la independencia de la Península Ibérica. A pesar de haber militado en el bando perdedor, El Partido lo había indultado por su conducta ejemplar en el frente y su piedad para con los prisioneros enemigos. A pesar de tener 30 años menos, en su juventud conoció al ahora ermitaño y su mirada se le quedó clavada en el alma. Si había una clase de persona a la que era sabio respetar, esa era la clase de persona a la que Joaquín de la Rosa pertenecía. Si el viejo estaba decidido a presentar batalla y los 7 mutantes, incluyendo un psíquico, a seguir sus instrucciones, la cosa se pondría fea.
Mientras cavilaba sobre esto la columna llegó a la valla exterior de la finca. Junto a las dobles puertas metálicas, un cartel desvencijado daba toda la información que su dueño consideraba necesaria: "La Granja. No Pasar" El tosco dibujo de una escopeta acompañaba al mensaje. Tras la valla se abría una amplia extensión de terreno que abarcaba dos colinas, el valle entre ellas y varias hectáreas de planicie alrededor. El Camino que nacía en la puerta llegaba directamente al caserón, en la colina de la derecha. En la otra colina había un gran establo dónde el viejo tenía a sus animales y junto a éste un granero, un par de silos y una caseta de herramientas. Negro, como lo llamaba todo el mundo, se hizo un gesto con la mano y se volvió hacia sus hombres.
-¡Atención todos! Escuchad bien y haced caso de lo que os ordene y este trabajo será rentable y seguro para todos.- Sus ayudantes tomaron posición a ambos lados y el resto de milicianos se desplegó en abanico ante él. Tras unos segundos de silencio para comprobar que gozaba de toda la atención de su público, se apresuró a dar instrucciones.
-Avanzaremos con cautela y sin dar nada por sentado. Los dos posibles escenarios peligrosos son los siguientes: Los mutantes podrían estar atrincherados en algunos de los edificios. En ese caso los asediaremos con las armas de fuego. Si las casas están deshabitadas, eso significará que han huido hacia el bosque. Si es así, los perseguiremos y daremos con ellos.- Habló con sus dos ayudantes unos minutos y volvió a dirigirse a los milicianos. -Juan y Sebastián irán con 10 de vosotros hacia los establos y el granero, los demás vendréis conmigo hacia la casa.- Dicho esto se dio la vuelta y arreó a su caballo hacia el caserón. 30 hombres con malas armas y peores intenciones le seguían.

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Tal y como Joaquín había predicho, al poco de registrar la casa y no encontrarlos, la patrulla había seguido hacia el bosque dejando unos cuantos en la casa para saquear todos los objetos de valor. Ellos 8, escondidos en el subterráneo, habían oído las conversaciones de los hombres y sabían a que se enfrentaban. Allí en la casa había 6 hombres, 2 de ellos con armas. En el granero había otros 4 con, al menos 1 arma más. La ventaja que poseían sobre aquellos hombres consistía en que los hombres esperaban que, en caso de acercarse a la casa, lo harían desde fuera y no desde dentro. El subterráneo era un túnel excavado con cálculo y precisión. Los dinteles de sujeción cada 10 metros habían sido construidos con madera de los pinos circundantes y tenían refuerzos en las escuadras. La longitud total era la distancia que separaba sus dos entradas, la casa y la caseta de herramientas junto al granero. En mitad del recorrido, en una habitación perfectamente abastecida se encontraban los 8, viendo y escuchando lo que hacían y decían los milicianos gracias a un sistema de cámaras y micrófonos que, al parecer, siempre había estado ahí.
-No dejará usted de sorprenderme nunca Joaquín, llevamos años aquí y jamás nos habló de este refugio.- María seguía mirando la sala con incredulidad. Los dos gemelos salieron de su acalorada discusión sobre que tarea de las que se les habían encomendado haría cada uno, para decir al unísono: -Nosotros si sabíamos que este refugio existía.- A lo que la pequeña Luna se unió. -Yo también.- Los adultos miraron a Joaquín y este, sonriendo, se encogió de hombros.
-Era nuestro secreto.- El semblante del hombre cambió. -Ha llegado el momento.- Todos se reunieron en torno a él. -Este momento va a cambiar sin duda la vida de algunos de nosotros.- Miró con cariño a los 3 niños presentes. -Pero esos hombres quieren hacernos daño. Somos una familia y quién le hace algo malo a uno de nosotros se lo está haciendo a todos los demás, y eso no lo vamos a permitir. Los grupos y la estrategia ya están más que hablados: Los gemelos y David vienen conmigo a la casa, el resto de los adultos van al granero. Antonio y yo tenemos el walkie-talkie.- Miró a Luna con condescendencia. -Tu tienes el otro, ya sabes que tu labor es de las más importantes.- La pequeña asintió con decisión. -Bien, si todo está claro, procedamos.- La familia se unió en un gran abrazo comunal y se dividieron, Luna se quedó mirando los monitores en silencio, a pesar de su corta edad, sabía que algo trágico estaba a punto de ocurrir.

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Antonio salió por la trampilla seguido de Jose Luís y María. Fuera estaba anocheciendo pero la luz del ocaso veraniego aun permitía ver con claridad. Antonio reconoció al tipo que guardaba la puerta del granero como al portador de la pistola, la suerte estaba de su parte. Se giró hacia María y ella asintió. Al punto la mujer empezó a girar las manos como si moldeara una pieza de barro imaginaria. Antonio nunca había sufrido los efectos del hechizo de un Elemental y no estaba impaciente por hacerlo, pero la utilidad de las artes de la mujer era innegable. Con un gesto delicado ella extendió las manos en su dirección con las palmas hacia arriba y una especie de bola invisible de energía, que distorsionaba la luz a su paso, rodó por el aire. Al impactar en él se deshizo muy de forma paulatina creando una película que lo envolvió por completo. En ese momento dejó de oír todo lo que no fuera su propio cuerpo. Tal y como la mujer le había dicho, ningún sonido podía entrar o salir de la fina capa de magia que lo envolvía.
Antonio se acercó a la puerta de la caseta y la abrió con mucho cuidado, se situó a la espalda del tipo que ahora miraba con interés hacia el caserón y propinó un fuerte puñetazo con sus férreos brazos de Recio en la nuca del hombre. Al instante lo agarró y lo metió en la caseta. Jose Luís, cerró la puerta tras ellos y, sin vacilar, mientras Antonio inmovilizaba al todavía confundido miliciano, sacó su navaja y le rajó la garganta. Con mucha más presteza que en la vez anterior, María, en un gesto rápido, envolvió de su magia la cabeza del degollado y, acto seguido, deshizo el hechizo sobre Antonio.
-Así no tenemos que oír sus gorgoteos y espasmos de muerte.- Dijo la mujer sin pizca de piedad en su voz. Antonio registró al tipo mientras aun se movía.
-Tiene un revólver cargado con 4 balas y una navaja. Nos serán de utilidad.- Tras decir esto, sacó las balas del tambor y se las entregó a Jose Luís junto con la navaja. -¿Puedes usar tus habilidades aquí? Por favor.- El hombre tomó las balas y la navaja y las pasó por sus dedos. Cuando se las devolvió a Antonio estas tenían el mismo halo resplandeciente que la propia navaja de Jose Luís. -¿Cuánto dura este endurecimiento del metal?.-
-Años.- Fue todo lo que obtuvo por respuesta. A pesar de que lo había hecho con una frialdad implacable, matar a un semejante le había dejado una huella en el humor. María, desde la ventana, los alertó.
-Se dirigen a la casa, tenemos que actuar.- Acto seguido se puso a trabajar en insonorizarse a ella misma y sus dos acompañantes. Una vez hubo terminado los tres salieron agachados y corrieron tras sus presas, los cuales estaban de espaldas a ellos, caminando colina abajo hacia el gran caserón.
Antonio llegó a la posición de dos de los hombres. Puso el cañón del revólver en la nuca del primero y disparó. Ambos cayeron, el miliciano con los sesos desparramados por la amarilla hierba estival y Antonio con las manos en los oídos. En medio del dolor  y la confusión una frase empezaba a cobrar sentido: "El sonido no puede entrar ni salir de esta burbuja." El segundo miliciano, horrorizado al ver el estado de su amigo y la dantesca imagen del Recio retorciéndose en el suelo se giró para avisar a su otro compañero; demasiado tarde, un hombre y una mujer lo cosían a cuchilladas con un frenesí salvaje. Al volverse hacia el Recio este parecía haberse recuperado y trataba de encontrar la pistola entre la hierba. El miliciano apretó con fuerza el mango de su hacha y descargó un golpe justo cuando éste se giraba hacia él.
Antonio estaba buscando el arma con desesperación, sus tímpanos se habían adaptado y el dolor se había esfumado tan pronto como llegó. -Maldito revólver. Debería estar justo aquí-. Un reflejo le reveló su ubicación. -¡Te encontré!- Lanzándose en esa dirección empuñó el revolver y se volvió hacia el segundo hombre, apuntándolo con el arma, justo para ver el hacha descender sobre él. Un sonido sordo y un crujido acompañaron al dolor que subió por el brazo hasta la parte superior de la médula. El hacha había seccionado medio antebrazo, rompiendo el radio y el cúbito y dejando el apéndice unido al brazo tan solo por un colgajo de piel. Antonio se agarraba el muñón intentando detener la hemorragia. Al parecer el hacha, o quizá el disparo anterior, también había roto el hechizo ya que podía oír al miliciano.
-¿Con qué querías matarme por la espalda? Mutante hijo de puta.-
Antonio se levantó y echó a correr hacia el granero pero un nuevo golpe le reventó el hombro derecho. Tendido en el suelo, un chorro de sangre que salía desde dónde había estado su clavícula, se le propulsaba directamente a la boca. Su propia esencia le supo a muerte mientras iba perdiendo la consciencia.
El miliciano se giró, sabiendo que el Recio estaba fuera de combate, para ver a los otros dos, con sendas navajas, correr hacia él. Agachado en la hierba intentó buscar la pistola sin éxito, cuando tuvo a los otros dos mutantes frente a él, los encaró hacha en mano.
-Venid a por mi si tenéis cojones.- Sin mediar palabra los mutantes se abrieron para flanquearlo. Él respondía a los tientos de estos balanceando el hacha hacia una y otra dirección. Los mutantes avanzaban por turnos y él no tenía más opción que caminar de espaldas colina arriba para mantenerlos a raya. -Estos hijos de puta me quieren llevar a algún sitio.- pensó. -Quizá hacia el granero para que no los vean los demás.- Pero un paso más lo sacó de su error. Al apoyar el talón no encontró el suelo, sino el cuerpo del Recio. Desequilibrado, rodó por la hierba pero, cuando se incorporó y quiso blandir su hacha, el hombre ya la había agarrado del mango y ambos forcejeaban por su control. Durante un momento la lucha de fuerzas fue en su favor, hasta que sintió el frío mordisco del acero entrar por sus costillas, una vez y otra más. La mujer procedió una decena de veces más sin hacer mas gesto que el del esfuerzo que ponía en cada golpe. El hombre lo seguía agarrando hasta que perdió todas sus fuerzas, momento en el que se unió al arduo trabajo de su mujer. Con mas de sesenta cuchilladas en su cuerpo los vió partir colina abajo. ¿O era arriba?
Todo le daba vueltas, el dolor ya formaba parte de él. Se vio a si mismo de pequeño, sus abuelos lo miraban con lástima. A su lado le pareció escuchar la voz de una niña: "Los gemelos están en problemas" No tuvo tiempo de descifrar su significado, ni de tener muchas más ensoñaciones. Pronto le sobrevino la muerte.

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La trampa había funcionado a la perfección. Cuatro de los milicianos yacían achicharrados en el gran salón de la casa. El poder de los gemelos era algo que David no había visto nunca. Uno de ellos creó, de la nada, una esfera de líquido incandescente y el otro, gesticulando con sus manos, la estiraba y la movía con agilidad en el aire, como si de una serpiente de destrucción se tratara. Los hombres que hacían guardia en el salón no tuvieron ni una oportunidad cuando vieron aparecer aquello, la serpiente los rodeó y se enroscó a su alrededor calcinándolos al instante. Desgraciadamente ni él ni Joaquín vieron a los dos guardias armados bajo la escalera. Ahora los dos tiradores estaban atrincherados en la cocina con los cuerpos inconscientes de los gemelos, uno de ellos con una grave herida en la pierna izquierda.
-Joaquín tenemos que sacar de ahí a esos tipos.-
-No van a salir, tienen dos rehenes y han llamado por radio pidiendo refuerzos.- Joaquín se rascó la cabeza. -Hay que entrar y disparar, a muerte.-
-Yo puedo entrar corriendo y tomar cobertura, no creo que les de tiempo a acertarme si no lo esperan.- Joaquín se quedó pensativo unos segundos y cogió el walkie-talkie.
-¿Luna puedes verlos?- El receptor emitió la voz de la pequeña.
-Si.-
-¿Dónde están?-
-Uno se ha metido en el armario de la comida, el otro esta detrás de la isla central, ambos gemelos están sobre la isla, los usa de parapeto.- Incluso en una situación así a David se le escapó una sonrisilla.
-No deja de abrumarme el vocabulario de esta chiquilla.- Joaquín asintió con gesto dulce.
-Gracias cariño, ahora es mejor que no mires los monitores durante un rato.- El anciano cortó la comunicación. -David, ve fuera, da la vuelta a la casa y pon el cubo de la basura bajo la ventana que hay al lado de la manguera. Súbete a él y espera. Oirás dos disparos y luego otros dos. En ese momento asómate por la ventana y tendrás un blanco perfecto del que está con los niños.-
-¿Y el otro?-
-Ya estará muerto.-

Joaquín abrió el pequeño armario empotrado del comedor y apartó a uno y otro lado la ropa de invierno que había colgada en él. Comprobó que ambos cartuchos estaban en buenas condiciones, encañonó el fondo del armario y disparó dos veces, ambas a media altura. Haciendo caso omiso de los gritos y los ruidos de botes de cristal rotos, se dirigió a la puerta de la cocina. El tipo que se guardaba tras la isla de la cocina gritaba a su compañero.
-Aaron ¿estas bien? ¿Qué cojones ha pasado?- Todo lo que le llegaba por respuesta eran unos quejidos y ruidos de cristales.
-No, tu amigo no esta nada bien.- Dijo Joaquín y, asomando la escopeta disparó dos veces al techo por encima de dónde, calculó, se encontraba su enemigo.
El joven se agachó para cubrirse de las esquirlas que caían sobre él. Un ruido de cristales rotos y una explosión. No vió ni oyó nada más.

David y joaquín comprobaron y registraron los cadáveres. Al momento llevaron a los gemelos al salón.
-David, saca los cadáveres achicharrados afuera. Después ve por el botiquín del baño.- Tomó el walkie. -Luna cariño, coge el botiquín y las toallas del refugio y ven corriendo a la casa.-
-Ahora mismo.- Se apresuró a contestar la chiquilla.
Daniel estaba inconsciente y sus heridas no eran más graves que la pérdida de unos cuantos dientes y la nariz y el pómulo rotos. Todo ello debido a un culatazo de escopeta. En cambio Jesús había recibido un disparo en la pierna izquierda, casi a la altura de la cadera, y perdido una gran cantidad de sangre. En ese mismo momento José Luís y María entraron portando el cuerpo de Antonio. Los tres parecían bañados en sangre. Joaquín lo evaluó mientras los padres de los gemelos se apresuraban a ver el estado de sus hijos.
-Es un Recio, tiene una oportunidad.- En ese mismo momento llegaban Luna y David, cada uno por una puerta. Joaquín se irguió todo lo que sus viejos huesos le permitieron.
-Señores, hay dos vidas que salvar y mucho trabajo que hacer. Si dejamos de lamentarnos y seguimos mis instrucciones, ambos tendrán una posibilidad. Manos a la obra.- Tras lo cual se puso a dar instrucciones para que todas las manos colaborasen de forma eficiente. Fue una noche muy larga.

martes, 26 de agosto de 2014

El Hogar 5



Durante los tiempos de La Gran Explosión puede que nadie viera Las Vegas como emplazamiento militar estratégico, o que por fortuna ninguna bomba alcanzara su destino. Fuera cual fuera el motivo, Las Vegas era de las pocas ciudades en el mundo que no estaba infestada de durmientes y radiados o reducida a escombros. Esa situación convirtió la ciudad en un enclave comercial e hizo que durante la Guerra de Separación, fuera elegida como capital de la República del Oeste Americano. En la ciudad habían prosperado grandes empresas, la mayoría de ellas relacionadas con la potabilización de aguas, el armamento o la industria farmacéutica. Los inversores de Las Vegas pagaban sumas desorbitadas por cualquier rastro de tecnología anterior a La Gran Explosión que alguien encontrase en cualquier parte del mundo. Pero de todas esas compañías, una desarrolló una tecnología asombrosa. Rainbow Enterprises había conseguido los antiquísimos aparatos médicos necesarios para fabricar órganos humanos a la carta. Los mejores médicos trabajaban en sus laboratorios para hacer complicados transplantes y disponían de un servicio de venta que, pagando su elevadísimo precio, podía poner un órgano en cualquier parte del mundo en menos de una semana.
A ojos de George, ser jefe de seguridad en Rainbow Enterprises era el mejor trabajo que un hombre decente podía tener. Ganaba un buen sueldo que mantenía a su familia bien abastecida y trabajaba en una empresa que curaba a gente enferma. Lo que George jamás hubiera esperado ni por asomo, era oír la alarma de fuga justo el día de su jubilación.

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Ransam y Elise salían por la puerta con Chett a cuestas, Lith iba tras ellos. La puerta al otro lado se abrió y los dos guardias entraron por ella apuntando con sus pistolas. -¡Alto chico! No queremos hacerte daño.- Marty se giró hacia ellos y, con sólo desearlo, unas pequeñas esferas de oscuridad envolvieron los globos oculares de los guardias, cegándolos. Hecho esto, salió en pos de sus compañeros dejando atrás los erráticos disparos de los adultos.
-He cegado a los guardias, pero no durará mucho tiempo. ¿Hacia dónde vamos Ransam?-
-No lo se, nunca he estado aquí, tenemos que encontrar un ascensor.- Elise lo miró sorprendida.
-¿Podremos volver a El Hogar?-
-No, No volveremos nunca, ahora entiendo que pasó con Johnny.- Elise miró hacia atrás.
-Nos dijísteis que había sido un accidente.-
-Lo se, pero no fue así. Johnny tenía el poder de hacerse invisible. Estuvo merodeando por aquí arriba y lo pillaron. Consiguió escaparse pero cuando volvió a El Hogar estaba somnoliento y tenía la marca de un pinchazo en el brazo. Justo donde la tiene Chett. Nunca despertó.-
-¡¿Como pudisteis ocultarnos lo que le pasó a Johnny todo este tiempo?!- Marty los seguía en la alocada carrera por los pasillos.
-¡Joder! No podíamos ni imaginar esto. Pensamos que fue un error de los cuidadores, que intentaron borrar sus recuerdos y se pasaron con la dosis.- Elise frenó en seco.
-Allí al fondo, es un ascensor.- Justo en ese momento se apagaron las luces de los pasillos y se encendieron las de emergencia. El ruido de sirenas inundó los corredores -¡Han activado la alarma!.- Los tres se encaminaron al ascensor y pulsaron el botón, pero éste no respondía. Ransam puso sus manos en los hombros de Elise.
-¿Puedes forzar las puertas del ascensor? Sólo estamos a un par de plantas del campo de entrenamiento exterior.
-¿Has traído una cuerda? No podré escalar con Chett a cuestas a no ser que...- Lith le agarró la manita.
-Chett no va a despertar.- Elise puso sus manos en las mejillas de la pequeña.
-¿Estas segura cielo? ha tenido ese suero puesto muy poco tiempo.- La pequeña miró a Chett con los ojos llenos de lágrimas.
-Pueden pasar muchas cosas ahora mismo, no consigo ver con claridad dónde vamos a estar dentro de un rato, pero en ninguna de las imágenes esta Chett. -La niña no pudo contenerse y rompió a llorar. Marty, Ransam y Elise se miraron y asintieron. Dejaron el cuerpo de Chett sentado plácidamente al lado del ascensor. Ransam abrazó a Elise.
-Vamos cielo, puedes hacerlo.- Marty y Lith se unieron al abrazo. Elise miró al ascensor con decisión.
-No dejaremos que nos atrapen, se lo debemos a Chett.- Acto seguido puso los dedos en la ranura que dejaban las dos puertas del ascensor al cerrarse y las intentó separar con todas sus fuerzas. Al principio el esfuerzo parecía inútil, pero poco a poco los músculos de Elise se tensaban y su dureza se multiplicaba. Pronto la envergadura de su espalda y brazos había crecido tanto que parecía una persona distinta. Fue en ese momento cuando las puertas comenzaron a abrirse y Marty y Ransam pudieron unirse, uno a cada lado, al esfuerzo e su amiga. Una vez la puerta se hubo abierto se colaron en el hueco del ascensor e iniciaron el penoso ascenso por la escalerilla de emergencia. Elise estaba totalmente agotada y Ransam cargaba con Lith. Cuando llegaron a la planta Sub1, Ransam advirtió.
-Ya hemos llegado.- Ransam sacó una herramienta de llaves de su mochila y manipuló el mecanismo de emergencia. Un largo pasillo semicircular se abrió ante ellos. -Al final de este pasillo está el hangar que da directamente al exterior.- Al llegar a la puerta, esta se encontraba abierta. Los cuatro chicos entraron por ella en total oscuridad. De repente, con un sonoro chasquido que retumbó por el gigantesco hangar, se encendió una luz. Luego otra y otra más y así sucesivamente hasta que el hangar quedó completamente iluminado. Cincuenta guardias les apuntaban con sus armas.

lunes, 25 de agosto de 2014

Faulkner 6



Pero la luz volvió. Al principio no fue definitivo. Tuvo varios intentos salpicados de imágenes borrosas y conversaciones confusas, pero, al final, abrió los ojos y la luz estaba ahí. La luz de una ventana para ser exactos. Se encontraba tumbado boca arriba en el suelo y no tenía sensación de dolor alguna. -Tengo todo el cuerpo dormido, cuando mueva algo me va a doler hasta el alma.- Efectivamente. Empezó por los pies e instatáneamente dos finos hilos de dolor subieron por las piernas hasta la espalda. Según se le despertaban, la pierna izquierda empezó a doler más y más y, a la altura de la cadera, sintió una hinchazón latir como si tuviera el corazón allí dentro, y a cada latido, un espasmo de dolor le recorría la médula. -¿Me habré partido la cadera?- Pese al dolor intentó levantar la pierna y mover la pelvis, ambas maniobras pudo realizarlas sin mayor dificultad. -Posiblemente será sólo el hematoma o una pequeña fisura.- La espalda y los brazos fueron mucho mejor, el entumecimiento se pasó en unos segundos y sólo dejó un ligero malestar. Se tocó la cara y la tenía bien. El lado izquierdo estaba cubierto de sangre seca. Palpando, descubrió la herida; una brecha cerrada a la altura de la sien que, para su sorpresa, escocía un poco pero apenas dolía. Había pasado algo por alto, tenia frío. Le sobrevino un ataque de tos durante el que todos los dolores se multiplicaron, se dio cuenta de que estaba tiritando y desnudo, vestido tan solo con sus calzoncillos.
La habitación donde se encontraba no medía mucho más que el típico cuartucho que uno podía alquilar en cualquier antro, con la diferencia de que este estaba completamente vacío. Resistiendo las fuertes punzadas que le incitaban a quedarse tumbado, se puso de rodillas y luego en pié. La ventana estaba provista de una fuerte reja metálica soldada al marco y se hallaba al menos un metro por encima de su cabeza. -Desde luego por ahí no voy a salir.- Se acercó a la puerta, esta era normal, de madera, aunque el pomo había sido arrancado. Se quedó allí durante unos veinte minutos, inmóvil frente a la puerta. Su cerebro encajó las piezas del puzzle, recordó todo lo que podía recordar, se hizo cargo de la situación en la que estaba y barajó sus posibilidades. Se quitó los calzoncillos y fue a situarse al lado de la puerta, por la parte en que esta se abría. Retorció los calzoncillos hasta que formó con ellos una cuerda dura y resistente, la cogió por ambos extremos, tensó los músculos de sus brazos y apretó los dedos para probar su fuerza. Satisfecho con los resultados se quedó con sus propios pensamientos mientras repetía: -Que venga sólo uno. Que venga sólo uno...-

domingo, 24 de agosto de 2014

Acerca de Hard Reset

Algunos me habéis preguntado por Hard Reset, por su nombre, por su periodicidad, por su mundo...
Voy a contestar algunas de las preguntas que me habéis hecho por si pudiera satisfacer la curiosidad de alguien.

P: ¿Por qué Hard Reset?
R: Sencillo, es un término del mundo de la informática que siempre me lleva dando vueltas a la cabeza para un relato post apocalíptico. La idea original era hacer un relato que se llamase así, pero según empecé a diseñar mi propio mundo apocalíptico tras el "Reseteo" de una guerra nuclear, me di cuenta de que tenía demasiadas ideas que me gustaban como para hacer un único relato.

P: ¿Cada cuánto tiempo sale un capítulo nuevo de Hard Reset?
R: En principio cada día de Lunes a Viernes, pero el trabajo y otras cosas podrían disminuir el número de publicaciones. Pase lo que pase no quiero caer por debajo de las dos publicaciones a la semana, pero es verdad que según aumenta mi ritmo de trabajo en otras obras y en una traducción que estoy llevando a cabo, Hard Reset puede disminuir su frecuencia.

P: ¿Qué ha pasado en el mundo de Hard Reset?
R: Esta es una respuesta que sería demasiado larga para darla aquí, pronto terminaré un apéndice que explica los principales sucesos que ocurrieron en el mundo tras La Gran Explosión como la Guerra de Separación en Norteamérica, Las Guerras Capitales en Europa o la (aun en curso) Gran Guerra Mutante en Asia.

P: ¿Estoy loco o hay nombres y situaciones que me suenan?
R: Ambas cosas. Estás loco porque estas leyendo la obra de un loco y, además, eres un Geek, o Friki, o como lo quieras llamar porque estas reconociendo la decena de homenajes y guiños que hay en Hard Reset. Esta es una publicación que hago por diversión, no es el mayor proyecto que tengo ahora mismo en mente y, por tanto, me gusta meter muchos "huevos de pascua". Todo esto no descarta que Hard Reset algún día sea publicado. Que yo espero que lo sea.


Seguiré añadiendo preguntas que me hagáis en este post =)

viernes, 22 de agosto de 2014

El Hogar 4



El conducto de aire era estrecho y estaba lleno de porquería. Elise siempre había imaginado que esos tubos cuadrados que iban pegados al techo de las plantas superiores de El Hogar, estarían por dentro tan limpios y relucientes como por fuera. Pero no era así. Tenía la ropa que se había puesto recién limpia como si hubiera estado toda la tarde revolcándose en el fango de la gruta. -Joder que asco, ¿Seguro que no podemos ir con tus poderes Marty?- Escuchó la voz del chico detrás de ella.
-No lo he intentado nunca con 4 personas, lo más probable es que sólo pueda movernos unos metros, lo justo para pasar la parte de los guardias.- Al instante la voz de Ransam sonó por delante de ellos.
-Ya es un milagro que pueda incluir a alguien en su hechizo. He mirado los expedientes de todos los niños mutantes que han pasado por El Hogar en sus 55 años de existencia y no he encontrado nada que siquiera se le parezca. Como tampoco he encontrado a nadie que parezca un Corredor con poderes de Elemental.- El joven se detuvo en seco. -Ya estamos aquí.- Sacó una llave de la mochila y procedió a quitar las tuercas de los pernos que sostenían la rejilla de ventilación. Metió la rejilla  dentro del conducto y se deslizó fuera de él. Al momento Elise salió, la ayudó a bajar e hizo lo mismo con Marty y Lith.
Estaban en una oscuridad casi total. Solo las dos tenues luces de emergencia dejaban entrever un mar de estanterías, cajas y cachivaches.
-No habléis, estamos en el almacén de los pisos superiores, afuera hay un par de cuidadores haciendo guardia. Si nos pillasen no quiero ni imaginar el castigo que nos pondrían.- Susurró Ransam. Marty habló con un volumen aun más tenue.
-Ahora acercaos a mi y pase lo que pase mantened el silencio, yo puedo ocultarnos llevándonos de sombra en sombra, pero no puedo camuflar el sonido. ¿Entendido?- Sus tres amigos asintieron.
Marty desapareció en un abrir y cerrar de ojos. Dónde el estaba se formó un diminuto punto de una negrura, tan intensa, que podía verse con una definición perfecta, a pesar de la oscuridad que reinaba en el almacén. En un santiamén el punto empezó a fluctuar y a expandirse poco a poco, hasta convertirse en una especie de cortina de oscuridad ondulante. De repente la oscuridad se cernió sobre ellos envolviéndolos. Y el mundo cambió.
Elise tuvo la sensación de llevar puesto un disfraz con voluntad propia. Se veía a si misma con normalidad a pesar de ser un haz de oscuridad, podía sentir sus piernas y sus brazos y, al mismo tiempo, podía sentir los de Marty. Pasaron bajo la puerta sin dificultad. Efectivamente allí estaban dos adultos, ambos vestidos con la misma indumentaria. Su voz sonaba distante y extrañamente reverberante, pero podía entender la conversación sin dificultad.
-Ya es la hora.-
-El chico debería estar preparado.-
-Me da pena que no le dejen despedirse de los otros chicos.-
-Que más da, ya sabes que es mejor no encariñarte con esos mocosos.-
La luz roja de la puerta que estaba frente a los guardias cambió a verde. Uno de ellos se acercó y pulsó un botón redondo, se produjo un zumbido y comenzó a sonar un ruido de engranajes y cadenas. Cuando cesó, la puerta se abrió y por ella apareció Chett vestido con un batín.
-Saludos cuidadores.-
-Saludos Chett ¿Has seguido las instrucciones de la sala de cuarentena?-
-Si señor, me he duchado con los 3 productos distintos, raspándome bien y por todos lados. Después metí mi ropa y mis pertenencias en la incineradora y me vestí con esta bata para la ceremonia.-
-Lo has hecho muy bien chaval, acompáñame a la sala contigua, allí podrás relajarte hasta que los cuidadores superiores te llamen para la ceremonia.- Dicho esto los guardias se encaminaron hacia el lado de la sala opuesto al ascensor con el tembloroso Chett tras ellos.
En cuanto la sombra de Chett pasó a su lado, sintió como se deslizaba ágilmente hacia el interior de esta para dejarse transportar plácidamente mecida en ella. -"¿No es fantástico?"- Resonó la voz de Marty en su cabeza y, al instante recibió los pensamientos afirmativos de Ransam y Lith llegando desde otras partes de la sombra. En ese momento cruzaron la puerta, los guardias sentaron a Chett en una silla y le dijeron que aun tenía parte de la cuarentena por pasar, acto seguido, prepararon  con un suero que colgaron de un gotero y posteriormente le inyectaron.
-Ahora quédate tranquilo hasta que el suero haga su efecto. En un rato vendrán a buscarte los cuidadores.- El pobre Chett ni siquiera se atrevió a hablar, estaba tan nervioso que tras abrir la boca sin conseguir emitir sonido alguno, se limitó a asentir. Luego los guardias se fueron y los chicos se quedaron solos con su amigo. Tras un momento para asegurarse que los mayores se alejaban, Marty expulsó a sus amigos de las sombras, se materializó ante ellos y cayó de rodillas exhausto. Sus tres compañeros no se encontraban en un estado mucho mejor, mareados tras el viaje, les estaba pasando factura adaptarse de nuevo a la gravedad y la corporeidad. Lith fue la primera en levantarse y, señalando al respaldo de la silla dijo. -Chett se ha dormido.-
Los demás se miraron entre si y fueron a ver su estado. Efectivamente Chett tenía la cabeza apoyada en su propio hombro y un hilo de babilla le caía por la comisura de los labios. Su respiración era lenta y serena, como la de quien duerme profundamente.
-¿Como puede estar así? Hace sólo unos segundos que se han ido los guardias.- Ransam no daba crédito a lo que veían sus ojos.
Marty, apoyado sobre sus rodillas, tomó aire para hablar.
-Debe ser... ese suero.- Dijo jadeando y señalo con una de sus manos a la botella que colgaba del gotero. Elise, ya recuperada, miró a Chett con atención.
-Si esto es parte del ritual, quizá debamos irnos sin más, supongo que no podremos despedirnos de él... ¡Ahhhhh...!- Una punzada de dolor recorrió la espalda de Elise. El dolor era tan intenso que la hizo caer de rodillas, buscó en su cuerpo una reacción para aliviarlo pero no la encontró... la fuente del dolor no era algo físico. Abrió los ojos para ver a Marty y Ransam retorcerse por el suelo con las manos en la cabeza y a Lith... de pie con la mirada perdida en el infinito. Elise se acercó hacia ella, pero a cada paso que se acercaba el dolor crecía en intensidad tanto que parecía que la médula y el cráneo  fueran a explotarle. Por los gritos de dolor de Marty, supuso que su débil amigo no podría soportar un dolor así por mucho más tiempo. Respiró hondo, se armó de valor y de dos zancadas alcanzó a la pequeña. -¡Lith para, por favor! ¿Qué estas haciendo cariño?- En cuanto puso sus manos sobre la chica el dolor cesó. La chiquilla tenía la mirada perdida con los ojos envueltos en lágrimas.
-¡Están matando a Chett! ¡Lo están descuartizando y metiendo sus trozos en hielo!- Elise estaba confundida por las palabras de la niña, pero tenía otra preocupación en mente, podía oír a los guardias encaminarse hacia la sala. Lo más probable era que hubieran sufrido el efecto de... lo que quiera que hubiera sido aquello.
-Lith cariño, ven conmigo...- Se giró y gritó -¡Marty, tienes que sacarnos de aquí!- Lith seguía con la mirada perdida, pero Elise sintió sus manitas agarrar las de ella con fuerza.
-¡No somos sus hijos! Somos su ganado.-

jueves, 21 de agosto de 2014

El Hogar 3



-¿Todo eso os han dicho?- La chica tenia los ojos y la boca abiertos de par en par.
-Si, al parecer "Los Cuidadores" ascenderán a Chett al rango de  cuidador dentro de una semana. Será entonces cuando nosotros los veamos por primera vez.- Marty adoptó un gesto de superioridad. -Elise y yo pasaremos a ser mayores ese día y, junto con Ransam, seremos vuestros profesores.-
-¿Es eso cierto Elise?- La chica no salía de su asombro, miraba a sus dos amigos como si fueran dioses vivientes.
-Así es Lith, pero recuerda, no puedes decírselo a nadie.- Elise se percató de que Marty la miraba con ojos suplicantes. -No Marty, eso no.-
-¡Venga! Estaremos los 4 juntos. ¡Si tu lo vas a ver con Ransam yo lo quiero ver con Lith!- Elise miró a Lith con gravedad.
-Si te decimos algo. ¿Prometes que no lo dirás nunca, pase lo que pase?- La chica temblaba de la emoción.
-¡Lo prometo!-
-Muy bien, díselo a tu novia Marty.- El joven tomó las blancas manitas de Lith entre las suyas de color gris violáceo.
-He encontrado la forma de moldear mi poder de las sombras de forma que pueda llevar gente conmigo.- Ambas chicas lo miraban con asombro, pese a que Elise lo sabía y lo había comprobado en sus carnes días atrás, la experiencia le resultaba espeluznante y maravillosa al mismo tiempo. -Y Ransam sabe la ruta que podemos tomar por los conductos para ver la investidura de Chett como cuidador.- Elise se acercó a Lith y susurró:
-Marty ha podido ver a los cuidadores, el cree que son nuestros padres.-
-Parecen muy buenas personas, aunque están todo el día trabajando. Creo que tienen muchos problemas para tenernos  aquí abajo abastecidos de todo.- Añadió. Unas voces alertaron a los tres chicos.
-Son Gloria y los demás, pirémonos de aquí.- Las dos chicas desaparecieron por el corredor contiguo y Marty, como su mote indicaba, se convirtió en otra sombra más de aquella gruta.

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Eran las 17:00h y Ransam no había aparecido.
-¿Dónde se habrá metido?- Marty no dejaba de parlotear, Elise lo miraba y la pequeña Lith la miraba a ella. -Dijimos a las 16:30h en el comedor, si tarda más tendremos que irnos sin él, el grupo de limpieza llegará de un momento a otro. Lith se giró hacia la puerta.
-Ahí viene.- Marty y Elise se miraron el uno al otro. La chica nunca había dado señales de tener mutación alguna, pero en los últimos meses siempre adivinaba lo que iba a suceder momentos antes de que, efectivamente, sucediera. En ese mismo instante entró Ransam portando una bolsa de tela tan abultada que parecía a punto de estallar.
-Lo siento chicos, he traído un montón de cosas para haceros una propuesta...- Marty lo interrumpió.
-Después nos lo cuentas, vámonos de aquí cuanto antes.- Los cuatro se miraron y asintieron. Acto seguido salieron por la puerta de la cocina, la atravesaron y se colaron con las llaves de Ransam en el almacén.
-Cerraré por dentro y así os explico mi plan.- Se apresuró a decir el mayor de los chicos. Cerró la puerta dejando puesta la llave por dentro. Lith miraba a las estanterías de los dulces con devoción.
-¡Nunca pensé que existieran tantos pastelitos todos juntitos!-
-¡Atención! Este es el plan: He traído una mochila para cada uno. Como Chett no va a volver abajo, el jefe de todo ahora soy yo.- Miró a Lith con ternura. -Eso significa que podemos llenar las mochilas con todos los pastelitos que queramos.- La pequeña parecía a punto de llorar de la emoción.
-¡Gracias Ransam! es el mejor regalo que me han hecho nunca.- El joven acarició su pelo y continuó.
-En las mochilas también llevaremos ciertos aparatos que he traído. He pensado que, ya que vamos a desaparecer un rato ¡Podríamos hacer vuestra primera visita al exterior!- Los otros tres se quedaron boquiabiertos. -¿Qué te parece eso Lith? Serás la primera con menos de 14 años que haya visto lo que hay fuera de El Hogar.- La pequeña corrió hacia él y lo estrechó en sus bracitos.- Lith tenía 12 años pero su actitud y su estatura eran los de una niña de 8. Nadie entendía por qué, simplemente todos asumían que era adorable por naturaleza y jamás se había sabido de nadie a quien cayera mal o que hubiera sido capaz de negarle algo. También era de dominio común que si había alguien con ganas de ver el mundo exterior, esa era Lith.
-¡Te quiero Ransam!- Exclamó con devoción, luego se giró hacia Marty. -Aunque no tanto como a ti.- Dijo guiñándole un ojo.

miércoles, 20 de agosto de 2014

El Hogar 2

A diferencia de las plantas inferiores de El Hogar, excavadas en la roca, las dos plantas superiores estaban hechas de placas de acero. No había ventanas, todo El Hogar era subterráneo. De las dos plantas, la inferior contenía la cocina, el gimnasio, la sala de música, las habitaciones y los cuartos de baño. Era entre esa planta y las galerías de roca, donde los niños pasaban su vida. La planta superior era sólo para aquellos que habían pasado la prueba, es decir, solo para aquellos con más de 13 años como Ransam que tenía 15, Chett que estaba a punto de cumplir 16 y ahora también para Elise y Marty que acababan de cumplir 14, pero antes tenían que pasar La Prueba.
Elise siempre pensó que La Prueba serían una serie de retos de habilidad. Se imaginaba esquivando pelotas de goma, saltando vallas, escalando una cuerda... En definitiva todas aquellas cosas que hacían en el gimnasio con Ransam, que hacía las veces de profesor de gimnasia, ya que Chett detestaba el ejercicio físico. Sin embargo la emoción de varios meses se le había pasado en tan sólo unos minutos, en la prueba no había que hacer, literalmente, nada. La única dificultad de aquella prueba era precisamente, estar completamente quieta y en silencio sepulcral.
Ransam y Chett la tendieron en una camilla semi desnuda. Primero le pegaron en el torso unas ventosas que se conectaban a una máquina. Esta escribía por si sola unas líneas que se desviaban continuamente hacia arriba y hacia abajo formando uves. Después la metieron en un tubo dónde tenía que estar muy quieta a pesar del ruido infernal y de las luces cegadoras que este emitía. Por suerte para ella, su oído y sus ojos se adaptaron casi inmediatamente a tal situación con tanta eficacia que casi se quedó dormida del aburrimiento. Le pincharon y extrajeron su sangre igual que cada año se hacía en la revisión sanitaria de la escuela. Todas estas tonterías y muchas más le hicieron de modo que a sus impacientes ojos, La Prueba era el gasto más inútil de tiempo que había sufrido en toda su vida. En lo que ya parecía la recta final el reto no era mayor que soportar sin bostezar a Chett y Ransam hablando sobre constantes vitales y otra parafernalia acerca de su cuerpo y de los resultados que habían dado las distintas máquinas por las que había pasado.
-Bueno Ransam ¿Tu te quedas con ella entonces?-
-Claro Chett, no te preocupes, con Elise no habrá problemas.- El comentario sacó a Elise de su aburrimiento, con los ojos muy abiertos preguntó: -¿Le ha pasado algo a Marty?-
-No, tranquila.- Ransam parecía divertido. -Simplemente es un miedica, ha costado trabajo meterlo en alguna de las máquinas.- Elise suspiró.
-Me habíais asustado.- Chett se giró justo antes de salir de la sala.
-Ya hemos tenido bastantes sustos por hoy con Marty, pásatelo bien con Ransam, el te explicará todo lo que debes saber ahora que has superado La Prueba.- Dicho lo cual salió de la sala con los resultados bajo el brazo. Estuvieron en silencio durante los segundos que pasaron hasta que el sonido del ascensor confirmó que Chett, efectivamente, se había marchado.
-¿Has visto como te miraba Chett antes?- Ransam se sentó en la mesa al lado de Elise.
-¿Cuando estaba desnuda?- La chica sonrió, pícara.
-¡Jajaja! Los ojos se le salían de las órbitas al pobre.- Ransam  se quitó la camiseta. -Túmbese de nuevo en la camilla señorita Elise.- La chica se acercó a él y le arañó suavemente el torso con las uñas.
-No Doctor Ransam, ahora el paciente es usted.- Ambos sonrieron para, acto seguido, juntar sus labios y fundirse en un abrazo.

martes, 19 de agosto de 2014

El Hogar 1



"El mundo de fuera no ha sido siempre así. Lo dice en los libros. Los humanos de antes aprendían las cosas mientras dormían gracias a avanzados sistemas de educación. Todos y cada uno sabían todo lo que un ser humano podía saber. Nadie pasaba hambre, nadie caía enfermo, nadie sufría en aquel mundo. Todas las calamidades que siempre habían azotado al hombre habían sido erradicadas de su vida. Todas salvo una; La guerra. Porque el hombre puede cambiar, pero la guerra nunca cambia.

Nadie recuerda quién ni por qué apretó el botón rojo, pero las consecuencias fueron mucho mas devastadoras de lo que se había podido imaginar. El Apocalipsis del que habla la Biblia fue sólo el comienzo. La vida en el planeta estuvo a punto de extinguirse, varias veces, sin embargo algunas especies logramos sobrevivir. Unas por adaptación, otras por pura suerte y otras porque, como dice Ransam, mal bicho nunca muere. La mayoría de adaptaciones dieron lugar a nuevas subespecies y los cruces entre ellas terminaron por forjar, durante los últimos 400 años, las especies modernas, incluidos los nuevos tipos de seres humanos, entre los que me encuentro. Los "Corredores" son ágiles y escurridizos, capaces de realizar increíbles proezas en un pestañeo. Los "Elementales" tienen una afinidad innata con las fuerzas que rigen el universo y pueden modelar partes de la realidad a su antojo. Los "Recios",como yo, somos altos y fuertes y tenemos recursos casi inmediatos de adaptación al medio. Los "Psíquicos" son temidos y odiados por casi todos, pueden manipular las mentes de los demás, especialmente de los humanos no mutados. Hay varios tipos más de mutaciones pero, en su mayoría, son violentas y desagradables.
Desgraciadamente hoy en día nos afligen muchas enfermedades, la vida no tiene apenas comodidades y no podemos adquirir el conocimiento mientras dormimos plácidamente, tenemos que conformarnos con las aburridas clases del colegio del profe Chett. Pero aquí en EL Hogar, no sufrimos la mayoría de las penurias que azotan a la gente del exterior. Los mayores cuidan de los pequeños, hasta que tienen que irse, porque en El Hogar hay una ley inquebrantable: Nadie puede permanecer más allá de los 16 años en El Hogar. A partir de esa edad los que eran pequeños se convierten en mayores y los que eran mayores se van para dejar paso a otros pequeños que vendrán. Nadie sabe cómo o por qué, pero los niños siguen llegando y así El Hogar sigue existiendo. Así ha sido siempre y así seguirá.

Redacción de fin de curso para la clase de Historia.
Elise Zapatillas."

La chica leyó el papel un par de veces, aplicó algunas correcciones y asintió, acto seguido firmó el papel. Un ruido detrás de ella llamó su atención.
-Si escribes eso último el profe Chett se va a mosquear.-
-¡Marty! ¿Cuantas veces te he dicho que no me espíes?.- Linda se volvió hacia el chico pero este ya no estaba en el lugar del que provenía su voz. -Deja tus jueguecitos y dedícate a hacer tus deberes, si suspendes no podrás hacer la prueba.-
-Mira que eres aburrida Zapatillas.- Las sombras que cubrían la pared de la cueva tomaron forma humana y el chico se materializó de entre ellas. -Además, tengo la redacción de Historia de otro chico que salió del hogar mucho antes de que Chett fuera nuestro profe.
-Además de inmaduro, ¡eres un tramposo!.-
-Por eso me llaman "Sombras".- Dijo y se sentó al lado de ella.
El joven era pequeño y delgado, su piel era de un violeta apagado, casi gris y sus ojos de un negro intenso que abarcaba todo el globo ocular. De entre todas las mutaciones aleatorias que un humano podía sufrir la de Marty "Sombras" era una de las menos comunes. Era grácil y habilidoso como un "Corredor" pero con las dotes innatas de los "Elementales". Posiblemente el chico era el resultado de una mezcla de mutaciones de sus padres, sin embargo, nadie en El Hogar conocía a sus padres. En El Hogar sólo vivían niños.
Elise miró a Marty, jugueteaba con una piedrecita entre las manos. -¿Tu crees que moriremos allá afuera?.-
-¿Por que íbamos a morir? idiota. Ransam y el profe Chett salen a menudo y vuelven de una pieza.-
-Pero Johnny...-
-Lo de Johnny fue un accidente, todos lo sabemos. Los accidentes ocurren.-
Marty esperó unos segundos y lanzó la piedra al fondo de la sala  tallada en la roca viva. Cogió aire y tomó la mano de Elise. -No en El Hogar. ¿Por qué no podemos quedarnos aquí? ¿Por qué tenemos que irnos y que nunca más se sepa de nosotros?-
Deshaciéndose de Marty, Elise se levantó, sus casi 1.80m dejaban a su amigo medio metro atrás en estatura. Los "Recios", como se conocía a la mutación de Elise, se caracterizaban por tener un físico sobrehumano así como una adaptación al medio casi instantánea. Dicha adaptación le valió su apellido cuando, aprendiendo a andar con apenas un año, tras hacerse daño al pisar el suelo de roca de El Hogar, sus pies formaron una costra de piel resistente y adherente ideal para el medio cavernoso en tan sólo unos minutos.
-Marty Sombras, eres un cobarde. Siempre lo has sido y siempre lo serás.- Y diciendo esto subió por la ligera pendiente y se encaminó hacia la gran sala rocosa  conocida como "La Escuela".
Marty se quedó pensativo viendo como Elise se alejaba. Buscó otra piedrecilla y sus manos juguetearon con ella inconscientemente mientras pensaba en sus miedos acerca del exterior. Tras unos minutos la miró y su forma le recordó vagamente a la de un  cráneo. Lanzó la piedra con todas sus fuerzas y corrió tras los pasos de su amiga.

lunes, 18 de agosto de 2014

Faulkner 5



Tres horas habían pasado desde que Ridge Valley quedara atrás. Faulkner se había traído de allí una pequeña fortuna que ascendía a 80 balas del 45, un pañuelo de seda, 3 deliciosas magdalenas, una botella de vodka casero y ese extraño cosquilleo que uno siente en la médula cuando todo va demasiado bien.
Los humedales de los alrededores no daban opción alguna a moverse fuera de los caminos principales y, por si fuera poco, las primeras lluvias del otoño amenazaban con caer desde unos nubarrones cada vez más oscuros. Todo esto le provocaba una sensación de indefensión a la que uno no se acostumbraba por más años que hubiera pasado vagabundeando por los yermos. De estas y otras ensoñaciones lo sacó un leve sonido silbante a su espalda. Al girarse pudo ver una bengala de señales de color rojo surcando el cielo. Provenía sin duda del pueblo. Faulkner barajó las posibilidades y no encontró ningún escenario en el cual acercarse al pueblo, ahora a 3 horas de distancia, pudiera ser beneficioso para nadie. Visto lo cual aceleró el paso alejándose hacia el sur. -Si es una advertencia para mi, espero encontrar algún buen sitio dónde refugiarme.- Dijo sin mucha esperanza.
Sus temores eran ciertos, tan sólo una hora más tarde la nube de polvo y el zumbido característico de los motores de gasolina aparecieron en la distancia. Era mediodía y aquel páramo de humedales y hierba baja no ofrecía cobertura alguna. El camino se elevaba al menos dos metros sobre el nivel de la tierra, esconderse no era una posibilidad.
Con la determinación de quien se sabe sin escapatoria, hincó una rodilla en el suelo, puso su rifle a un lado y buscó los binoculares en su macuto. Eran dos motocicletas y un buggy. En total 6 saqueadores, entre ellos reconoció al de la cresta de colores. Se echó al suelo con el rifle y empezó a calibrar la mira. Los saqueadores se acercaban a una velocidad endiablada.
Mientras esperaba que los vehículos estuvieran a tiro, su cerebro trabajaba a marchas forzadas intentando idear una estrategia. Si los disparos eran certeros podría abatir a 4 o 5 antes de que los vehículos llegasen hasta él. -Podría hacerlos retroceder.- Pensó, y en ese mismo momento la primera motocicleta rebasó la marca que había colocado en la mirilla.
El primer disparo pasó muy cerca, había apuntado alto y subestimado el viento. -¡Mierda! Este fallo me va a costar el pellejo.- Volvió a apretar el gatillo y... ¡Bingo! La bala impactó en el hombro del motorista derribándolo. El conductor del buggy no tuvo ni tiempo para esquivarlo ni piedad para, al menos, intentarlo. -¡Malditos animales!.- Dijo para si. El tercer disparo atravesó limpiamente la cabeza del segundo motorista, quien, semi decapitado, tardó unos segundos en caer de la moto como un fardo, mientras esta seguía su camino una veintena de metros en solitario para acabar saliendo del camino.
Tenía al buggy y a los 4 saqueadores encima. Se limpió el sudor de la frente y las manos y volvió a cargar el arma. No tenía tiempo de examinar el vehículo en busca de un punto débil, apuntó directamente al conductor. Calculó la trayectoria, estaba demasiado cerca, 100 metros, puso el torso del conductor en su mirilla, 50 metros, contuvo la respiración... ¡BANG! disparó y echó a rodar con todas sus fuerzas hacia la izquierda. El buggy pasó por su lado como un relámpago. Quiso frenar para incorporarse, pero era demasiado tarde, caía sin control por la pendiente hasta el nivel del humedal. Sintió sus articulaciones crujir, todo le daba vueltas. Para cuando pudo incorporarse el sonido del motor de gasolina había vuelto. Corrió con toda la velocidad que sus piernas le podían proporcionar. Se giró para comprobar que su sospecha era cierta, el buggy avanzaba sin dificultad por aquel terreno. Se giró para intentar un último disparo pero era demasiado tarde, el parachoques impactó en su cadera y el capó delantero vino al encuentro de su cara estrellándose brutalmente contra ella. Al cazarrecompensas se le apagó la luz.

sábado, 16 de agosto de 2014

Faulkner 4



La magdalena era esponjosa por dentro con costras de azúcar cristalizado por fuera. La textura era tan perfecta como su sabor. Faulkner la saboreó mojada en el café recién hecho. El líquido poseía un sabor intenso y un cuerpo difícil de encontrar incluso en los comercios de las grandes ciudades.
-Señora, es el mejor desayuno que recuerdo haber tomado jamás.-
-Coja alguna para el camino, padre, para mi es un honor que a usted le gusten mis magdalenas.- La mujer dedicó una sonrisa al extranjero. -Podrías aprender un poco de modales Roy. ¿Cuanto hace que no me dices algo bonito?-
-Yo traigo el dinero y tu cocinas. ¿Cuanto hace que no me das las gracias tu a mi por jugarme el pescuezo ahi fuera?. Ve a traer la ropa del señor Faulkner, ya debería estar seca.- La mujer intentó excusar la rudeza de su marido con una sonrisa nerviosa y subió por la escalera hasta la escotilla que daba al tejado. -No me mire así predicador, esa mujer me tiene más dominado de lo que parece, ahora es un angelito sólo porque está usted delante.-
-No se preocupe Roy, estaba sumido en el disfrute de esté desayuno.- Faulkner dio otro bocado a la magdalena y prosiguió con la boca aun llena. -¿Cómo se consigue este café en un pueblo tan alejado de las rutas comerciales?.-
-Ridge Valley es un lugar sorprendente ¿verdad?. Aquí todo el mundo tiene chanchullos y, de cuando en cuando, conformamos una caravana hacia Orangeburg, Summerville o incluso Charleston.-
-Ya veo.- Faulkner envolvió un par de magdalenas en un pañuelo y las depositó cuidadosamente en la parte superior de su mochila. -Me quedo con este pañuelo si no le importa, pagaré un par de créditos por él si es necesario.-
-No, quédeselo.- Roy se sentó sobre la mesa de madera, esta crujió bajo su peso. -Usted venía del Norte, Faulkner, ¿Qué se le había perdido por allí?.- El alcalde clavó sus ojos sobre los de Faulkner.
-Ya le dije que soy un simple buhonero...-
-Ningún simple buhonero es también predicador y desde luego ninguno lleva un rifle "Sharp Buffalo" de antes de la Gran Explosión con él.- Roy puso ambas manos sobre la mesa. -Es una maravilla.-
-Era el rifle de caza de mi padre, un recuerdo familiar que me ha servido bien en más de una ocasión.- La escotilla se abrió sobre ellos.
-Ahí viene su ropa, vayamos a probar esas balas.- Dijo Roy con los ojos abiertos de par en par.

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El pueblo daba la sensación de estar bien abastecido y sus gentes iban de un lado para otro tranquilas y felices. Como ya había observado el primer día no disponía de empalizada ni otro medio de defensa externa. Sin embargo, recorriendo sus calles con más detenimiento, todas las amplias radiales convergían en una gran plaza central en la que se encontraban los grandes edificios. Entre ellos el ayuntamiento, la barbería, la cantina y lo que parecía ser un polvorín. -Una emboscada perfecta.- Pensó. -Estos tipos me estaban esperando con mucha antelación a pesar de que no hay torre de vigilancia.- Era eso y la cercanía al grupo de saqueadores lo que no le cuadraba respecto a aquel lugar. -Pero aquí hay al menos 100 hombres armados, quizá han tenido sus enfrentamientos en el pasado y los saqueadores han aprendido a no venir por aquí... pero eso no parece muy propio de una banda normal de saqueadores.- La voz del alcalde lo sacó de sus pensamientos.
-Está muy callado predicador. ¿Qué pasa por su mente?.-
-Hacía mucho que no veía tantos niños jugar a plena luz del día, sin ninguna preocupación y sin sus padres corriendo tras ellos para esconderlos en sus casas-. Durante un momento sus ojos contemplaron otro tiempo y otro lugar. -Este parece un sitio maravilloso.- Roy Fisher se quedó mirándolo fijamente.
-No tenemos predicador en el pueblo y la mayoría de nuestras mujeres son creyentes, usted tendría un sitio aquí si quisiera asentarse.- Faulkner siguió unos segundos más con la mirada perdida, luego se giró hacia el alcalde.
-Ahora no me es posible señor Fisher, pero si dentro de unos años volviese por aquí y la oferta siguiera en pie la aceptaría sin dudarlo.- Ya estaban llegando a las afueras del pueblo.
-Si continúo siendo alcalde en ese momento le aseguro que la oferta seguirá en pie. Hasta ese momento le deseo que ajuste sus cuentas, sean cuales sean.- Roy se acercó a tres postes de un metro de altura al pie de los cuales se encontraba un buen montón de latas viejas y botellas. -Aquí traemos a los chicos a practicar.- dijo mientras colocaba una lata de conservas ya agujereada en el poste central. -¿Ve aquella piedra?. Marca 100 metros exactos hacia el poste, dispararemos desde esa distancia.- Faulkner caminó hacia la piedra en cuestión y se quedó un buen rato observando el paisaje, mirando muy por detrás del poste.- ¿Que busca predicador?.-
-Tienen ustedes una campiña muy bonita, ¿Cómo les ha dado por cultivar nada?. En primavera debe ser un lugar muy verde.-
-No se engañe Faulkner, las praderas de por aquí están llenas de elementos radiactivos, restos de los tiempos de La Gran Explosión. Todo lo que uno cultivase acabaría envenenándolo.- A Faulkner no le convenció del todo la respuesta, las plantas parecían tener buena salud, pero cabía la posibilidad de que fueran mutaciones autóctonas.- Bien. ¿Me deja disparar con esa preciosidad?- Roy extendió los brazos y Faulkner, tras sacar el rifle de su funda de cuero, se lo extendió. -¿Hacia dónde dijo que se desviaba?.-
-Un par de grados hacia la derecha cada 100 metros.-
El alcalde introdujo la bala del 45 y accionó la palanca, acto seguido apoyó la culata en su hombro y apuntó cuidadosamente.
El disparo sonó tan fuerte que cogió desprevenido al propio Roy.
-¡Vaya! este cañón suena de maravilla. Pero creo que el rifle está menos desviado de lo que usted dice, probaré de nuevo. Esta vez apuntó aun con más cuidado que la anterior. Contuvo la respiración, calculó la dirección y fuerza del viento y efectuó un segundo disparo. La lata permaneció exactamente donde estaba.
-Parece que no tiene un buen día alcalde.- Faulkner se encogió de hombros.
-Le compro este rifle señor Faulkner. 2000 créditos aquí y ahora.- Roy se deleitaba mirando el cañón octogonal del arma.
-¿Pagaría 2000 créditos por un arma con la que no puede acertar a una lata a 100 metros?.- Dijo el extranjero con gesto divertido. En ese mismo instante, Roy cargó el arma, encañonó a su objetivo y disparó. La lata salió disparada hacia atrás rodando varios metros tras caer al suelo.
-Entiendo que menosprecie este arma para que pierda el interés por ella, pero está calibrada con mimo y precisión. Pagaría 4000 créditos si los pidiese.-
-Desgraciadamente, como ya le he dicho, no está en venta.-
-Hagamos una cosa señor Faulkner, pondremos una botella y usted disparará a 300 metros, tres intentos. Si es capaz de romper la botella le regalo la caja de munición entera, las 80 balas. Saldrá de este pueblo con el mismo dinero que cuando entró, con la ropa limpia, un buen amigo y una caja de munición.- Roy entrecerró los ojos. -Por el contrario, si no acierta, me venderá el Sharp Buffalo por 2000 créditos y además le daré un arma para que no viaje indefenso. En ambos casos es un buen trato para usted, no puede negarme la oportunidad de adquirir su rifle después de la hospitalidad que Ridge Valley, y yo en particular, le hemos mostrado.- El alcalde extendió la mano. -¿Hay trato?.- Faulkner lo miró fijamente durante un largo minuto. Extendió el brazo y apretó la mano del alcalde.
-Maldita sea Roy, usted es el único predicador aquí.-

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Los disparos anteriores y el hecho de ver a su alcalde y al forastero juntos habían atraído a un par de docenas de curiosos de los alrededores. Uno de los cuales, un tipo desaliñado de facciones apretadas como quien estuviera haciendo fuerza constantemente, volvía de colocar la botella en el poste. -¡Ya está!.- Anunció mientras llegaba cojeando.
-Muy bien predicador, dispone usted de tres balas, veamos de que pasta está hecho.- Roy se giró y compartió los cotilleos acerca del forastero con los curiosos. La mayoría de ellos formulaban sus propias apuestas y muy pocos parecían confiar en la puntería del extraño forastero.
-Veamos que pasa.- Faulkner se agachó y cogió un poco de arena para luego soltarla, esparciéndola como quien añade sal a un guiso. Ajustó la mirilla del rifle y se la echó al ojo, apoyó la culata en su hombro y esperó. ¡BANG!. Accionó la palanca, introdujo otra bala, se volvió a echar el rifle al hombro y ¡BANG!. Disparó por segunda vez. Con los ojos entrecerrados y la mirada perdida a lo lejos, bajó el Sharp Buffalo y dejó que la culata se apoyara en el suelo. La botella no se había movido de su sitio.
-Vaya predicador parece que...-
En un movimiento rápido como el rayo volvió a accionar la palanca, cargar y disparar, esta vez desde la cadera. ¡BANG!. La botella estalló en mil pedazos.
La acción causó la admiración e incluso arrancó algunos aplausos entre el público asistente. Un par de ellos dieron las gracias al forastero por haberles hecho ganar una buena suma de dinero, Faulkner los correspondió con una sonrisa y levantándose ligeramente el sombrero. Roy en cambio parecía bastante contrariado.
-¿Sabe Faulkner? Es usted un tipo con suerte.-
-Lo se, por eso no tengo mas remedio que creer en Dios.- Ambos se miraron y empezaron a reír a la vez mientras volvían por la calle principal de Ridge Valley hacia la casa del alcalde. Lejos de allí, 600 metros tras la botella rota, dos ramas yacían a los pies de un árbol, habían sido seccionadas limpiamente.

Faulkner 3



-Hola encanto, ¿No querrás pasar una buena noche con una hembra de verdad?- La chica se apoyo en la mesa acercando su escote hacia Faulkner. Roy volvió de la barra en seguida con un par de jarras de cerveza.
-Por supuesto Mónica ¿Y cuantos malos días pasará después cuando se le caiga la polla a trozos?- Toda la parroquia del "Estofado de Gato" rió al unísono y varios hombres acompañaron el chiste con improperios hacia la chica.
-Ya ves cariño, en este antro de mala muerte nadie sabe tratar a una mujer. Y el alcalde, bueno ahi lo tienes, dando ejemplo.-
-Nada me gustaría más que pasar una noche con usted señorita.- Dijo Faulkner dedicándole una sonrisa. -Pero me temo que hay algo que me lo impide.- El extranjero retiró su guardapolvos y dejó al descubierto, colgada de su cintura, una hermosa Biblia encuadernada en cuero negro con filigranas en violeta y dorado de la cual sobresalía una bella cinta de seda roja que hacía las veces de marcador de páginas.
-Vaya, un sacerdote. Bueno, si algún día te aburres de tu Dios, ven a pasar un buen rato con Mónica, te aseguro que no te arrepentirás de ir al infierno.- Dicho lo cual se marchó dedicando gestos obscenos a varios de los presentes.
-Así que además de buhonero es usted predicador señor Faulkner.- Roy parecía más decepcionado que sorprendido.
-Usted me ha invitado a comer estofado de ternera en un bar llamado "Estofado de Gato", no se quién guarda más secretos.
El alcalde no pudo contener una carcajada. -Hace tiempo que se acabaron los gatos por aquí, nadie sabe de que esta hecho el estofado, lo que le aseguro es que no lo matará.
-No lo dudo.- Faulkner intentó que no se notaran sus dudas acerca de aquel lugar. -¿Cuanto entonces por esa caja de 24 balas de la que me habló?
-¿Las del 45?.- Faulkner asintió. -Que le parece si lo dejamos en 200 créditos y yo invito a la cena. Puede dormir en mi casa y se ahorrará también los 30 créditos de la habitación.- Roy extendió la mano. Faulkner la estrechó.
-Eso no cambia el hecho de que estoy comprando las balas a casi 10 créditos cada una, pero... de acuerdo, acepto el trato.- Su interlocutor se echó atrás en su respaldo y cruzó una pierna sobre la otra.
-Y eso no cambia el que usted no me dijera que es un predicador,  no hemos tenido mucha suerte con los predicadores que han pasado anteriormente por aquí, pero usted parece una persona de fiar señor Faulkner. ¿Por qué sigue la gente creyendo en esas tonterías en un mundo como este?-
-¿Hay un sitio mejor que este mundo para desear que esto no sea lo único, para creer que debe haber algo más?- Faulkner sintió las miradas de todo el local clavándose en él.
-¿Se refiere a que esta vida es una mierda?- Roy dio un trago generoso a su cerveza.
-Me refiero a que es una época violenta, a la radiación, a los comedores de carne humana, las abominaciones mutadas... ¿Conoce a mucha gente que llegue a los 50 años?- Faulkner se dio unas palmaditas en las caderas. -Puedo decir que soy un afortunado, doy gracias por ello.- 
-Entiendo lo que dice, pero ¿Por qué permitiría entonces su Dios un mundo así?-
-No lo permitió, jugamos con sus herramientas a pesar de las advertencias y nos hicimos daño. Así somos, niños irresponsables.- Faulkner saboreó la cerveza a la par de los comentarios de varios parroquianos.
-Quizá él no debió dejarlas a nuestro alcance.-
-¿Ha probado a dejar algo fuera del alcance de sus hijos?, inevitablemente acaban encontrándolo.- Roy lo miró con curiosidad durante unos segundos y después echo a reír.
-Maldita sea señor Faulkner, dejemos este tema o acabará convenciéndome.- Agarró la jarra de cerveza y la tendió hacia delante. -Por su Dios y porque todos vayamos al paraíso.- Faulkner brindó con él.
-Amén.-

viernes, 15 de agosto de 2014

Faulkner 2



Tres horas hacia el Sur a paso ligero divisó un pueblo, demasiado cerca de una fortaleza de saqueadores para su gusto. Sacó el mapa y marcó la ubicación del lugar haciendo unas anotaciones. -Esta gente debe estar loca, los saqueadores harán pasto de ellos o los tendrán ahogados con impuestos.- Pensó.
De cualquier forma merecía la pena preguntar por la línea de teléfono más cercana. Había tomado la dirección Sur, en vez de volver al Este sobre sus pasos, para dirigirse directamente hacia Nueva Charleston y cobrar la recompensa por la información. Aunque la posibilidad de que aquel pequeño poblado tuviera una línea de teléfono era remota, seguramente sus habitantes podrían decirle a cuanta distancia estaban del punto de comunicación más cercano. Sabía por experiencia que avisar a la gendarmería por teléfono con unos días de antelación ahorraba mucho papeleo, noches de hostal y algún que otro soborno. Centrado en sus pensamientos llegó a las inmediaciones del pueblo dónde ya varios hombres armados lo estaban esperando. Uno de ellos, ataviado con unos simples vaqueros y una camisa fue el primero en dar un paso al frente.
-Que buscas forastero, no pasa mucha gente por aquí y los que pasan no suelen buscar nada bueno.- El hombre mantenía una actitud cautelosa a pesar de estar en clara superioridad numérica y armamentística.
-Mi nombre es Faulkner, no soy mas que un buhonero que ha vendido toda su mercancía.- Extendió los brazos en cruz y puso las manos detrás de la cabeza. -No busco problemas, si no soy bienvenido me iré por dónde he llegado.-
-No deberías haber vendido tu caballo, forastero, pareces a punto de desmayarte.- Faulkner prefería que su atuendo desgastado y andrajoso hablara por él.
-El caballo me lo comí hace varios días y me comería otro ahora mismo si lo tuviera delante.- El comentario provocó las carcajadas de varios de los hombres. El portavoz de la comitiva lo miró divertido y se acerco un par de pasos más hacia él.
-Si has vendido toda tu mercancía tendrás algo con lo que pagar aquello que buscas aquí, sea lo que sea.-
Faulkner se quitó el sombrero de ala ancha dejando ver su pelo corto y rizado, cada vez más canoso y sacudió el polvo de los pantalones con él antes de volvérselo a poner -No busco más que una cena generosa, cobijo durante la noche y una docena de balas para mi rifle antes de partir en la mañana. Y si los créditos de la República de Nueva Francia son válidos aquí, por La Gran Explosión que tengo para pagar.- Faulkner saboreó las miradas de aprobación entre su público. Su interlocutor se acercó hacia él con la mano extendida.
-Roy Fisher, alcalde de Ridge Valley, sea usted bienvenido señor Faulkner.

jueves, 14 de agosto de 2014

Faulkner 1



Tras sortear el último escollo, se quitó el guardapolvos y lo tendió para acomodarse sobre el techo de un vehículo, aun así una punta del metal corroído se le clavó en las costillas. -¡Maldición!- No le hacía falta otro agujero en el viejo guardapolvos así que, revolviéndose, volvió a probar suerte; esta vez estaba cómodo. Sacó los binoculares del viejo macuto y vio a los sujetos acercándose a la construcción. Desde las ventanas varios más les saludaron y un tipo con una cresta de colores lanzó un botellín, presumiblemente de cerveza, a cada uno de los recién llegados. El varón estuvo a punto de dar de bruces en el suelo al intentar atraparlo, lo cual fue muy festejado por su compañera y los tipos de las ventanas. Acto seguido ambos entraron por la puerta principal y el resto desapareció de las ventanas. Sólo quedaron a la vista los dos centinelas del tejado.
Faulkner contempló el edificio, un antiguo instituto de secundaria, las letras en su fachada aun rezaban "Ridge View High School" dejó los binoculares a un lado y rebuscó en su mochila. Los dos mutantes que habían entrado en él eran sin duda los fugitivos, aun así miró el cartel una vez más: 15.000 créditos de la República de Nueva Francia. Los retratos mostraban a un hombre y una mujer de mediana edad, ambos mutantes, sobre la cabeza del primero se podía leer "Recio" y sobre el de ella "Elemental", lo cual indicaba sus mutaciones, también les acompañaban sus no pocos crímenes y bajo ellos la leyenda: "Vivos o muertos".
Los 15.000 créditos eran tentadores pero los mutantes pertenecían a una banda de saqueadores que controlaba un edificio entero, debían ser al menos quince o veinte bien armados, probablemente con sus respectivas recompensas,  demasiado para él. -Ante tal callejón sin salida lo mejor será volver, informar a los gendarmes y cobrar unas migajas por la información.- Dijo para si mismo mientras recogía sus pertenencias y comenzaba el descenso de aquella montaña de chatarra.