sábado, 16 de agosto de 2014
Faulkner 4
La magdalena era esponjosa por dentro con costras de azúcar cristalizado por fuera. La textura era tan perfecta como su sabor. Faulkner la saboreó mojada en el café recién hecho. El líquido poseía un sabor intenso y un cuerpo difícil de encontrar incluso en los comercios de las grandes ciudades.
-Señora, es el mejor desayuno que recuerdo haber tomado jamás.-
-Coja alguna para el camino, padre, para mi es un honor que a usted le gusten mis magdalenas.- La mujer dedicó una sonrisa al extranjero. -Podrías aprender un poco de modales Roy. ¿Cuanto hace que no me dices algo bonito?-
-Yo traigo el dinero y tu cocinas. ¿Cuanto hace que no me das las gracias tu a mi por jugarme el pescuezo ahi fuera?. Ve a traer la ropa del señor Faulkner, ya debería estar seca.- La mujer intentó excusar la rudeza de su marido con una sonrisa nerviosa y subió por la escalera hasta la escotilla que daba al tejado. -No me mire así predicador, esa mujer me tiene más dominado de lo que parece, ahora es un angelito sólo porque está usted delante.-
-No se preocupe Roy, estaba sumido en el disfrute de esté desayuno.- Faulkner dio otro bocado a la magdalena y prosiguió con la boca aun llena. -¿Cómo se consigue este café en un pueblo tan alejado de las rutas comerciales?.-
-Ridge Valley es un lugar sorprendente ¿verdad?. Aquí todo el mundo tiene chanchullos y, de cuando en cuando, conformamos una caravana hacia Orangeburg, Summerville o incluso Charleston.-
-Ya veo.- Faulkner envolvió un par de magdalenas en un pañuelo y las depositó cuidadosamente en la parte superior de su mochila. -Me quedo con este pañuelo si no le importa, pagaré un par de créditos por él si es necesario.-
-No, quédeselo.- Roy se sentó sobre la mesa de madera, esta crujió bajo su peso. -Usted venía del Norte, Faulkner, ¿Qué se le había perdido por allí?.- El alcalde clavó sus ojos sobre los de Faulkner.
-Ya le dije que soy un simple buhonero...-
-Ningún simple buhonero es también predicador y desde luego ninguno lleva un rifle "Sharp Buffalo" de antes de la Gran Explosión con él.- Roy puso ambas manos sobre la mesa. -Es una maravilla.-
-Era el rifle de caza de mi padre, un recuerdo familiar que me ha servido bien en más de una ocasión.- La escotilla se abrió sobre ellos.
-Ahí viene su ropa, vayamos a probar esas balas.- Dijo Roy con los ojos abiertos de par en par.
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El pueblo daba la sensación de estar bien abastecido y sus gentes iban de un lado para otro tranquilas y felices. Como ya había observado el primer día no disponía de empalizada ni otro medio de defensa externa. Sin embargo, recorriendo sus calles con más detenimiento, todas las amplias radiales convergían en una gran plaza central en la que se encontraban los grandes edificios. Entre ellos el ayuntamiento, la barbería, la cantina y lo que parecía ser un polvorín. -Una emboscada perfecta.- Pensó. -Estos tipos me estaban esperando con mucha antelación a pesar de que no hay torre de vigilancia.- Era eso y la cercanía al grupo de saqueadores lo que no le cuadraba respecto a aquel lugar. -Pero aquí hay al menos 100 hombres armados, quizá han tenido sus enfrentamientos en el pasado y los saqueadores han aprendido a no venir por aquí... pero eso no parece muy propio de una banda normal de saqueadores.- La voz del alcalde lo sacó de sus pensamientos.
-Está muy callado predicador. ¿Qué pasa por su mente?.-
-Hacía mucho que no veía tantos niños jugar a plena luz del día, sin ninguna preocupación y sin sus padres corriendo tras ellos para esconderlos en sus casas-. Durante un momento sus ojos contemplaron otro tiempo y otro lugar. -Este parece un sitio maravilloso.- Roy Fisher se quedó mirándolo fijamente.
-No tenemos predicador en el pueblo y la mayoría de nuestras mujeres son creyentes, usted tendría un sitio aquí si quisiera asentarse.- Faulkner siguió unos segundos más con la mirada perdida, luego se giró hacia el alcalde.
-Ahora no me es posible señor Fisher, pero si dentro de unos años volviese por aquí y la oferta siguiera en pie la aceptaría sin dudarlo.- Ya estaban llegando a las afueras del pueblo.
-Si continúo siendo alcalde en ese momento le aseguro que la oferta seguirá en pie. Hasta ese momento le deseo que ajuste sus cuentas, sean cuales sean.- Roy se acercó a tres postes de un metro de altura al pie de los cuales se encontraba un buen montón de latas viejas y botellas. -Aquí traemos a los chicos a practicar.- dijo mientras colocaba una lata de conservas ya agujereada en el poste central. -¿Ve aquella piedra?. Marca 100 metros exactos hacia el poste, dispararemos desde esa distancia.- Faulkner caminó hacia la piedra en cuestión y se quedó un buen rato observando el paisaje, mirando muy por detrás del poste.- ¿Que busca predicador?.-
-Tienen ustedes una campiña muy bonita, ¿Cómo les ha dado por cultivar nada?. En primavera debe ser un lugar muy verde.-
-No se engañe Faulkner, las praderas de por aquí están llenas de elementos radiactivos, restos de los tiempos de La Gran Explosión. Todo lo que uno cultivase acabaría envenenándolo.- A Faulkner no le convenció del todo la respuesta, las plantas parecían tener buena salud, pero cabía la posibilidad de que fueran mutaciones autóctonas.- Bien. ¿Me deja disparar con esa preciosidad?- Roy extendió los brazos y Faulkner, tras sacar el rifle de su funda de cuero, se lo extendió. -¿Hacia dónde dijo que se desviaba?.-
-Un par de grados hacia la derecha cada 100 metros.-
El alcalde introdujo la bala del 45 y accionó la palanca, acto seguido apoyó la culata en su hombro y apuntó cuidadosamente.
El disparo sonó tan fuerte que cogió desprevenido al propio Roy.
-¡Vaya! este cañón suena de maravilla. Pero creo que el rifle está menos desviado de lo que usted dice, probaré de nuevo. Esta vez apuntó aun con más cuidado que la anterior. Contuvo la respiración, calculó la dirección y fuerza del viento y efectuó un segundo disparo. La lata permaneció exactamente donde estaba.
-Parece que no tiene un buen día alcalde.- Faulkner se encogió de hombros.
-Le compro este rifle señor Faulkner. 2000 créditos aquí y ahora.- Roy se deleitaba mirando el cañón octogonal del arma.
-¿Pagaría 2000 créditos por un arma con la que no puede acertar a una lata a 100 metros?.- Dijo el extranjero con gesto divertido. En ese mismo instante, Roy cargó el arma, encañonó a su objetivo y disparó. La lata salió disparada hacia atrás rodando varios metros tras caer al suelo.
-Entiendo que menosprecie este arma para que pierda el interés por ella, pero está calibrada con mimo y precisión. Pagaría 4000 créditos si los pidiese.-
-Desgraciadamente, como ya le he dicho, no está en venta.-
-Hagamos una cosa señor Faulkner, pondremos una botella y usted disparará a 300 metros, tres intentos. Si es capaz de romper la botella le regalo la caja de munición entera, las 80 balas. Saldrá de este pueblo con el mismo dinero que cuando entró, con la ropa limpia, un buen amigo y una caja de munición.- Roy entrecerró los ojos. -Por el contrario, si no acierta, me venderá el Sharp Buffalo por 2000 créditos y además le daré un arma para que no viaje indefenso. En ambos casos es un buen trato para usted, no puede negarme la oportunidad de adquirir su rifle después de la hospitalidad que Ridge Valley, y yo en particular, le hemos mostrado.- El alcalde extendió la mano. -¿Hay trato?.- Faulkner lo miró fijamente durante un largo minuto. Extendió el brazo y apretó la mano del alcalde.
-Maldita sea Roy, usted es el único predicador aquí.-
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Los disparos anteriores y el hecho de ver a su alcalde y al forastero juntos habían atraído a un par de docenas de curiosos de los alrededores. Uno de los cuales, un tipo desaliñado de facciones apretadas como quien estuviera haciendo fuerza constantemente, volvía de colocar la botella en el poste. -¡Ya está!.- Anunció mientras llegaba cojeando.
-Muy bien predicador, dispone usted de tres balas, veamos de que pasta está hecho.- Roy se giró y compartió los cotilleos acerca del forastero con los curiosos. La mayoría de ellos formulaban sus propias apuestas y muy pocos parecían confiar en la puntería del extraño forastero.
-Veamos que pasa.- Faulkner se agachó y cogió un poco de arena para luego soltarla, esparciéndola como quien añade sal a un guiso. Ajustó la mirilla del rifle y se la echó al ojo, apoyó la culata en su hombro y esperó. ¡BANG!. Accionó la palanca, introdujo otra bala, se volvió a echar el rifle al hombro y ¡BANG!. Disparó por segunda vez. Con los ojos entrecerrados y la mirada perdida a lo lejos, bajó el Sharp Buffalo y dejó que la culata se apoyara en el suelo. La botella no se había movido de su sitio.
-Vaya predicador parece que...-
En un movimiento rápido como el rayo volvió a accionar la palanca, cargar y disparar, esta vez desde la cadera. ¡BANG!. La botella estalló en mil pedazos.
La acción causó la admiración e incluso arrancó algunos aplausos entre el público asistente. Un par de ellos dieron las gracias al forastero por haberles hecho ganar una buena suma de dinero, Faulkner los correspondió con una sonrisa y levantándose ligeramente el sombrero. Roy en cambio parecía bastante contrariado.
-¿Sabe Faulkner? Es usted un tipo con suerte.-
-Lo se, por eso no tengo mas remedio que creer en Dios.- Ambos se miraron y empezaron a reír a la vez mientras volvían por la calle principal de Ridge Valley hacia la casa del alcalde. Lejos de allí, 600 metros tras la botella rota, dos ramas yacían a los pies de un árbol, habían sido seccionadas limpiamente.
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