Tres horas hacia el Sur a paso ligero divisó un pueblo, demasiado cerca de una fortaleza de saqueadores para su gusto. Sacó el mapa y marcó la ubicación del lugar haciendo unas anotaciones. -Esta gente debe estar loca, los saqueadores harán pasto de ellos o los tendrán ahogados con impuestos.- Pensó.
De cualquier forma merecía la pena preguntar por la línea de teléfono más cercana. Había tomado la dirección Sur, en vez de volver al Este sobre sus pasos, para dirigirse directamente hacia Nueva Charleston y cobrar la recompensa por la información. Aunque la posibilidad de que aquel pequeño poblado tuviera una línea de teléfono era remota, seguramente sus habitantes podrían decirle a cuanta distancia estaban del punto de comunicación más cercano. Sabía por experiencia que avisar a la gendarmería por teléfono con unos días de antelación ahorraba mucho papeleo, noches de hostal y algún que otro soborno. Centrado en sus pensamientos llegó a las inmediaciones del pueblo dónde ya varios hombres armados lo estaban esperando. Uno de ellos, ataviado con unos simples vaqueros y una camisa fue el primero en dar un paso al frente.
-Que buscas forastero, no pasa mucha gente por aquí y los que pasan no suelen buscar nada bueno.- El hombre mantenía una actitud cautelosa a pesar de estar en clara superioridad numérica y armamentística.
-Mi nombre es Faulkner, no soy mas que un buhonero que ha vendido toda su mercancía.- Extendió los brazos en cruz y puso las manos detrás de la cabeza. -No busco problemas, si no soy bienvenido me iré por dónde he llegado.-
-No deberías haber vendido tu caballo, forastero, pareces a punto de desmayarte.- Faulkner prefería que su atuendo desgastado y andrajoso hablara por él.
-El caballo me lo comí hace varios días y me comería otro ahora mismo si lo tuviera delante.- El comentario provocó las carcajadas de varios de los hombres. El portavoz de la comitiva lo miró divertido y se acerco un par de pasos más hacia él.
-Si has vendido toda tu mercancía tendrás algo con lo que pagar aquello que buscas aquí, sea lo que sea.-
Faulkner se quitó el sombrero de ala ancha dejando ver su pelo corto y rizado, cada vez más canoso y sacudió el polvo de los pantalones con él antes de volvérselo a poner -No busco más que una cena generosa, cobijo durante la noche y una docena de balas para mi rifle antes de partir en la mañana. Y si los créditos de la República de Nueva Francia son válidos aquí, por La Gran Explosión que tengo para pagar.- Faulkner saboreó las miradas de aprobación entre su público. Su interlocutor se acercó hacia él con la mano extendida.
-Roy Fisher, alcalde de Ridge Valley, sea usted bienvenido señor Faulkner.
No hay comentarios:
Publicar un comentario