viernes, 22 de agosto de 2014

El Hogar 4



El conducto de aire era estrecho y estaba lleno de porquería. Elise siempre había imaginado que esos tubos cuadrados que iban pegados al techo de las plantas superiores de El Hogar, estarían por dentro tan limpios y relucientes como por fuera. Pero no era así. Tenía la ropa que se había puesto recién limpia como si hubiera estado toda la tarde revolcándose en el fango de la gruta. -Joder que asco, ¿Seguro que no podemos ir con tus poderes Marty?- Escuchó la voz del chico detrás de ella.
-No lo he intentado nunca con 4 personas, lo más probable es que sólo pueda movernos unos metros, lo justo para pasar la parte de los guardias.- Al instante la voz de Ransam sonó por delante de ellos.
-Ya es un milagro que pueda incluir a alguien en su hechizo. He mirado los expedientes de todos los niños mutantes que han pasado por El Hogar en sus 55 años de existencia y no he encontrado nada que siquiera se le parezca. Como tampoco he encontrado a nadie que parezca un Corredor con poderes de Elemental.- El joven se detuvo en seco. -Ya estamos aquí.- Sacó una llave de la mochila y procedió a quitar las tuercas de los pernos que sostenían la rejilla de ventilación. Metió la rejilla  dentro del conducto y se deslizó fuera de él. Al momento Elise salió, la ayudó a bajar e hizo lo mismo con Marty y Lith.
Estaban en una oscuridad casi total. Solo las dos tenues luces de emergencia dejaban entrever un mar de estanterías, cajas y cachivaches.
-No habléis, estamos en el almacén de los pisos superiores, afuera hay un par de cuidadores haciendo guardia. Si nos pillasen no quiero ni imaginar el castigo que nos pondrían.- Susurró Ransam. Marty habló con un volumen aun más tenue.
-Ahora acercaos a mi y pase lo que pase mantened el silencio, yo puedo ocultarnos llevándonos de sombra en sombra, pero no puedo camuflar el sonido. ¿Entendido?- Sus tres amigos asintieron.
Marty desapareció en un abrir y cerrar de ojos. Dónde el estaba se formó un diminuto punto de una negrura, tan intensa, que podía verse con una definición perfecta, a pesar de la oscuridad que reinaba en el almacén. En un santiamén el punto empezó a fluctuar y a expandirse poco a poco, hasta convertirse en una especie de cortina de oscuridad ondulante. De repente la oscuridad se cernió sobre ellos envolviéndolos. Y el mundo cambió.
Elise tuvo la sensación de llevar puesto un disfraz con voluntad propia. Se veía a si misma con normalidad a pesar de ser un haz de oscuridad, podía sentir sus piernas y sus brazos y, al mismo tiempo, podía sentir los de Marty. Pasaron bajo la puerta sin dificultad. Efectivamente allí estaban dos adultos, ambos vestidos con la misma indumentaria. Su voz sonaba distante y extrañamente reverberante, pero podía entender la conversación sin dificultad.
-Ya es la hora.-
-El chico debería estar preparado.-
-Me da pena que no le dejen despedirse de los otros chicos.-
-Que más da, ya sabes que es mejor no encariñarte con esos mocosos.-
La luz roja de la puerta que estaba frente a los guardias cambió a verde. Uno de ellos se acercó y pulsó un botón redondo, se produjo un zumbido y comenzó a sonar un ruido de engranajes y cadenas. Cuando cesó, la puerta se abrió y por ella apareció Chett vestido con un batín.
-Saludos cuidadores.-
-Saludos Chett ¿Has seguido las instrucciones de la sala de cuarentena?-
-Si señor, me he duchado con los 3 productos distintos, raspándome bien y por todos lados. Después metí mi ropa y mis pertenencias en la incineradora y me vestí con esta bata para la ceremonia.-
-Lo has hecho muy bien chaval, acompáñame a la sala contigua, allí podrás relajarte hasta que los cuidadores superiores te llamen para la ceremonia.- Dicho esto los guardias se encaminaron hacia el lado de la sala opuesto al ascensor con el tembloroso Chett tras ellos.
En cuanto la sombra de Chett pasó a su lado, sintió como se deslizaba ágilmente hacia el interior de esta para dejarse transportar plácidamente mecida en ella. -"¿No es fantástico?"- Resonó la voz de Marty en su cabeza y, al instante recibió los pensamientos afirmativos de Ransam y Lith llegando desde otras partes de la sombra. En ese momento cruzaron la puerta, los guardias sentaron a Chett en una silla y le dijeron que aun tenía parte de la cuarentena por pasar, acto seguido, prepararon  con un suero que colgaron de un gotero y posteriormente le inyectaron.
-Ahora quédate tranquilo hasta que el suero haga su efecto. En un rato vendrán a buscarte los cuidadores.- El pobre Chett ni siquiera se atrevió a hablar, estaba tan nervioso que tras abrir la boca sin conseguir emitir sonido alguno, se limitó a asentir. Luego los guardias se fueron y los chicos se quedaron solos con su amigo. Tras un momento para asegurarse que los mayores se alejaban, Marty expulsó a sus amigos de las sombras, se materializó ante ellos y cayó de rodillas exhausto. Sus tres compañeros no se encontraban en un estado mucho mejor, mareados tras el viaje, les estaba pasando factura adaptarse de nuevo a la gravedad y la corporeidad. Lith fue la primera en levantarse y, señalando al respaldo de la silla dijo. -Chett se ha dormido.-
Los demás se miraron entre si y fueron a ver su estado. Efectivamente Chett tenía la cabeza apoyada en su propio hombro y un hilo de babilla le caía por la comisura de los labios. Su respiración era lenta y serena, como la de quien duerme profundamente.
-¿Como puede estar así? Hace sólo unos segundos que se han ido los guardias.- Ransam no daba crédito a lo que veían sus ojos.
Marty, apoyado sobre sus rodillas, tomó aire para hablar.
-Debe ser... ese suero.- Dijo jadeando y señalo con una de sus manos a la botella que colgaba del gotero. Elise, ya recuperada, miró a Chett con atención.
-Si esto es parte del ritual, quizá debamos irnos sin más, supongo que no podremos despedirnos de él... ¡Ahhhhh...!- Una punzada de dolor recorrió la espalda de Elise. El dolor era tan intenso que la hizo caer de rodillas, buscó en su cuerpo una reacción para aliviarlo pero no la encontró... la fuente del dolor no era algo físico. Abrió los ojos para ver a Marty y Ransam retorcerse por el suelo con las manos en la cabeza y a Lith... de pie con la mirada perdida en el infinito. Elise se acercó hacia ella, pero a cada paso que se acercaba el dolor crecía en intensidad tanto que parecía que la médula y el cráneo  fueran a explotarle. Por los gritos de dolor de Marty, supuso que su débil amigo no podría soportar un dolor así por mucho más tiempo. Respiró hondo, se armó de valor y de dos zancadas alcanzó a la pequeña. -¡Lith para, por favor! ¿Qué estas haciendo cariño?- En cuanto puso sus manos sobre la chica el dolor cesó. La chiquilla tenía la mirada perdida con los ojos envueltos en lágrimas.
-¡Están matando a Chett! ¡Lo están descuartizando y metiendo sus trozos en hielo!- Elise estaba confundida por las palabras de la niña, pero tenía otra preocupación en mente, podía oír a los guardias encaminarse hacia la sala. Lo más probable era que hubieran sufrido el efecto de... lo que quiera que hubiera sido aquello.
-Lith cariño, ven conmigo...- Se giró y gritó -¡Marty, tienes que sacarnos de aquí!- Lith seguía con la mirada perdida, pero Elise sintió sus manitas agarrar las de ella con fuerza.
-¡No somos sus hijos! Somos su ganado.-

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